El 8M resiste en una Abya Yala sitiada

Grafiti “Fuego a Milei” durante la marcha del 8M, 9 de marzo de 2026, Buenos Aires, Argentina. Foto © Susi Maresca.

Opinión • Raquel Gutiérrez Aguilar • 10 de abril, 2026 • Read in English

Las movilizaciones del Día Internacional de las Mujeres Trabajadoras el 8 de marzo a lo largo de Abya Yala han vuelto a expresar nuestra capacidad de converger y luchar de manera sintonizada. Revelan nuestra disposición a tejer respaldo recíproco y a construir refugio en medio del huracán de destrucción que los más estridentes e irresponsables patriarcas coaligados están empeñados en implementar.

Esta amplia y potente jornada de lucha ha expuesto las múltiples desgarraduras en el tejido de la vida, que se agudizan en medio de acciones de guerra violentas e irreflexivas. A nivel planetario se refuerza la cadena entre la militarización, el extractivismo, el saqueo, la explotación y la amenaza generalizada contra el sostenimiento digno de la vida. Y a su vez, cientos de miles de mujeres y cuerpos disidentes se movilizan para reconocerse y respaldarse. 

Año de guerras y luchas

La colorida y vibrante presencia masiva de mujeres y personas trans y no binaries en las calles este año ha contrastado, todavía más que en años anteriores, con el lúgubre destino que ofrece la política oficial, patriarcal, capitalista y colonial, dejando su secuela de muerte, desaparición, guerra abierta, impotencia y saqueo a lo largo de la región. 

Este año amaneció con la artera agresión a Venezuela, cuando, además de tomar el control de la riqueza petrolera del país, las fuerzas militares de los Estados Unidos secuestraron no solo a Nicolás Maduro y Cilia Flores, sino también a su esclerotizada estructura política de gobierno. 

Se llevaron a cabo asesinatos arteros de personas trabajadoras a las que la administración de Donald Trump les atribuyó la elástica etiqueta de “narcoterroristas”. Una coartada para el incremento de ejecuciones sistemáticas extrajudiciales, avaladas por las administraciones de derecha en la región, que se sumergen en la impunidad. 

Después, EE.UU. apretó todavía más el largo cerco a Cuba, condenando a su población a condiciones de carencia más duras

Finalmente, el último día de febrero, junto al régimen sionista, quienes controlan negocios extractivos, financieros y poder militar decidieron reiterar su guerra hacia Irán y extenderla hacia el Líbano. Son los mismos genocidas que en 2025 demolieron todas las estructuras de sostenimiento de la vida en Gaza.

Así llegamos al 8M, con la amenaza de guerra generalizada cada vez más estridente.

Izquierda: Letrero en contra de la guerra en la manifestación por el Día Internacional de la Mujer. Derecha: manifestante en la protesta por el Día Internacional de la Mujer en la plaza Brión en Caracas, Venezuela, el 8 de marzo, 2026. Foto © Andrea Hernández Briceño.

8M de sur a norte

En Argentina, levantando la consigna “Unir las luchas es la tarea”, un enorme río de compañeras y compañeres volvió a tomar las calles el 8 de marzo repudiando las políticas económicas de un gobierno estafador y ridículo como el de Javier Milei. 

Denunciando los feminicidios y exigiendo justicia para las y les asesinades, su movilización aglutina y condensa las persistentes resistencias a la arremetida saqueadora promovida por el gobierno. 

Tales esfuerzos resuenan con la alegre movilización de las compañeras puertorriqueñas que componen el 8M, una estampa de dignidad contra el colonialismo gentrificador y abusivo que todavía atrapa la isla caribeña.  Ellas y elles se movilizaron con la música y el gozo en el centro, llamando a recordar la historia revolucionaria de Lolita Lebrón y centrando les trabajadores sexuales en su marcha.

Las compañeras de Chile, por su parte, donde se vive una época difícil tras la llegada del pinochetista Antonio Kast a la presidencia del país, nutrieron con sus energías y su presencia el ambiente de resistencia y disputa que se desparrama por los territorios que se defienden y por la persistencia de las reivindicaciones que se reclaman.  

En Colombia y en Uruguay, las y les compañeres tampoco bajan la guardia y organizan potentes y amplias articulaciones para sostener la movilización. Formas de enlace que tejen memorias antiguas y alientan rebelión y desobediencia.

En México, por su parte, atrapado entre la militarización oficial y la violencia paramilitar, se escucharon fuertísimas expresiones de repudio a las violencias exacerbadas y generalizadas que no se detienen. Desde las madres buscadoras hasta las familias de las chicas asesinadas que exigen justicia, señalaron en todo el territorio la urgencia de construir un colectivo ¡basta! a la expansión de estas muertes impuestas. 

En la Ciudad de México fue inmensa la presencia de muchísimas mujeres confluyendo aquel domingo para nutrir amplios y distintos ríos violeta. La participación de mujeres en familia llamó mucho mi atención en esta ocasión. Diversas generaciones de la misma familia caminando juntas: niñas y jóvenes adolescentes acompañadas de sus mamás, tías, abuelas, etc. Riendo y comiendo golosinas no como en cualquier otro domingo, sino sintiéndose juntas y entre muchísimas otras, en lucha contra la muerte y la impunidad. 

¿Qué significado profundo de trastocamiento del imaginario familiar, tan central en el orden patriarcal, aportará esta posibilidad de ocupación feminista e intergeneracional de las calles? 

A lo largo y ancho del continente, desde las ciudades capitales hasta las localidades más pequeñas, la movilización del 8M ha sido un termómetro de las habilidades de articulación que se reiteran en el tiempo, que se cuidan y se expanden. Habrá que tensar tales habilidades a lo largo de este año aciago para sortear la nueva cascada de calamidades por venir.

Manifestante con un cartel que dice “Guillotina al club Epstein” el 8 de marzo, 2026, en Montevideo, Uruguay. Foto © Bettina Franco.

La embestida contra el sostenimiento digno de la vida

La guerra se expande por el mundo y acarrea escenarios difíciles de prever. Hay tensiones, sin embargo, que ya se perciben y se sienten. A través de la guerra no sólo se reorganizan las alianzas y oposiciones entre patriarcas, élites y ejércitos, sino que se asfixian las condiciones que garantizan la reproducción social en todos los sitios donde ocurre.

Los presupuestos públicos se redireccionan para asegurar la existencia y ampliación de los ejércitos, la producción de armas y el crecimiento desmedido de las tecnologías de vigilancia e inteligencia artificial con fines también militares. Todo eso acarrea disminuciones en los de por sí insuficientes presupuestos para salud, educación, vivienda, dotación de agua potable y producción de alimentos. 

Estas alteraciones van a operar de manera distinta en cada país, aunque compartiremos el alza de los precios de los combustibles que volverá a acelerar la inflación de los precios de los productos básicos. El sostenimiento cotidiano de la vida se volverá todavía más difícil en medio del mar de trabajo precario en el que de por sí ya vivimos. 

Si no reconstruimos otras formas de reciprocidad y apoyo mutuo, el endeudamiento seguirá siendo la única soga disponible incluso para poner comida en la mesa. Con ello, vigilancia y control armado de territorios —por fuerzas oficiales y paramilitares— se volverán todavía más agobiantes en medio de hostiles intervenciones extranjeras que aseguran el saqueo de bienes materiales necesarios para la vida.

Conviene seguir organizadas y atentas durante los meses por venir.

Infancia con unas alas que dicen “Nos sembraron miedo, nos crecieron alas” y manifestantes levantando el puño durante la marcha del 8M el 8 de marzo, 2026, en la Ciudad de México. Foto © Aurea del Rosario.

Sentido común antimilitarista

Por eso volvemos a insistir en la urgencia de una clara política antimilitarista que organice y amplifique el rechazo a la guerra desde los movimientos feministas. A todas las guerras: las que se desarrollan en otros lugares del mundo y las que se van expandiendo, como plaga, en este continente. Las guerras contra los cuerpos de las mujeres y disidencias y las que se imponen a los pueblos y a los territorios. 

Rechazar el militarismo y las guerras superpuestas y en expansión contra los múltiples tejidos de la vida no significa pasividad y mucho menos resignación. Significa movilización activa, producción colectiva de un sentido común disidente que repudie la insensatez de la destrucción en marcha.

También exige organización, apoyo y soporte de las muy diversas estructuras de sostenimiento que los transfeminismos hemos ido recreando a lo largo de los últimos años. Sobre todo porque nuestras luchas contra todas las violencias requerirán una ampliación de su sentido más profundo. 

Por lo pronto, urge seguir trenzando la comprensión de la violencia feminicida con los daños que producen las políticas de saqueo y expropiación de bienes materiales. Se impone vincular la exigencia de no impunidad a feminicidas y perpetradores de toda clase de agresiones con medidas que promuevan, también, justicia económica que se refleje en las mesas y en las casas. 

Desde Ojalá consideramos que se ha abierto ya un agudo momento de disputa por las condiciones y horizontes de la reproducción social en un mundo que colapsa entre guerras y amenazas de toda clase. 

Por ello queremos contribuir, ahora, después de haber atravesado un nuevo 8M que renueva energía y alimenta esperanza, a ampliar la reflexión y el debate desde los múltiples transfeminismos que practicamos, y que estos nos orienten en la disputa por la reproducción social y de la vida. 

Abriendo nuestro cuarto año de reporteo y opinión, de enlace y traducción, volvemos a decir que seguimos implicándonos, sin prisa pero sin pausa, en las luchas en defensa de la vida.

Raquel Gutiérrez Aguilar

Ha sido parte de variadas experiencias de lucha en este continente, impulsando la reflexión y alentando la producción de tramas antipatriarcales por lo común. En Ojalá, es editora de opinión. 

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8M en Caracas, por la insistencia en imaginar