Memoria y resistencia al plato
Bocachico para Héctor Jaime Beltrán Fuentes, Colombia. Foto © Zahara Gómez.
Reportaje • Isàlia McIntyre • 16 de abril, 2026 • Read in English
Mientras Bibiana Mendoza se disponía a preparar el plato favorito de su hermano Manuel por primera vez desde su desaparición en 2018, se preparaba también para una nueva ola de dolor. Para su grata sorpresa, lo que sintió fue alegría y esperanza al cortar el elote y pelar el chayote para el caldo de espinazo, rodeada por otras mujeres buscadoras reunidas en una cocina de Guanajuato.
Ellas también compartieron los platos predilectos de sus seres queridos desaparecidos: el mole para Christian, huevos con chile para Fátima, quesadillas de flor de calabaza para Adán, y docenas más que, todos juntos, formarían la segunda edición del Recetario para la Memoria.
“Fue una sensación muy dolorosa saber que a lo mejor él estaba sin comer”, dijo Mendoza en una entrevista telefónica con Ojalá. “Pero el recetario me regaló alegrías”.
El proyecto nació en 2019 gracias a una larga colaboración entre la fotógrafa Zahara Gómez y el colectivo de búsqueda Rastreadoras del Fuerte, en el estado de Sinaloa, México. La periodista Daniela Rea y la diseñadora Clarisa Moura se unieron al equipo editorial más adelante. El proyecto se expandió al estado de Guanajuato en 2022 y a Colombia en 2025, trazando un mapa de historias individuales sobre un paisaje común de duelo colectivo y violencia sistémica.
Entre las fosas clandestinas y la cocina
El hermano de Mendoza, Manuel, es una de las más de 130.000 personas desaparecidas en México, la mayoría desde el inicio de la llamada guerra contra las drogas en 2006. Reina una impunidad casi total, con el 99 por ciento de los casos sin resolver y denuncias de complicidad estatal.
Son familiares, civiles, generalmente mujeres, quienes recorren el territorio en busca de fosas clandestinas y los restos de sus seres queridos. Lo hacen en un clima de intimidación, estigmatización, criminalización y violencia.
“Nos han golpeado y arrestado por protestar”, dijo Mendoza. La normalización pública de estas atrocidades agrava la vulnerabilidad de les buscadores.
“¿Cómo se invita a que no dé igual?”, dijo Gómez en una entrevista en línea con Ojalá sobre el inicio del proyecto. “Se trataba de invitar a la mesa. Vamos a hablar de esto todos y todas”.
El Recetario para la Memoria pone de relieve el persistente impacto emocional de la ausencia humana, cuando les desaparecides suelen quedar reducides a estadísticas poco difundidas. Para sus creadores es una forma de “abrazarse dentro del horror”, según Gómez. Las desapariciones forzadas fragmentan tanto a las familias como al tejido social y la comida es una fuerza inversa que forja comunidad y tiende puentes entre el pasado y el presente.
Cuando Mendoza comenzó a buscar a su hermano, no había colectivos de búsqueda en Guanajuato. “Al igual que el resto de la sociedad nos compramos la idea de que no merecíamos ser escuchadas”, dijo Mendoza, quien luego fundó una brigada independiente de búsqueda, que en 2025 localizó más de 230 cuerpos en fosas clandestinas. Y lo hacen corriendo un enorme riesgo personal: Guanajuato se encuentra entre los estados más peligrosos para las mujeres que buscan a sus seres queridos y lidera el país en asesinatos dirigidos contra ellas. Varias colegas de Mendoza han desaparecido.
Más allá de picos, palas y kits forenses, la búsqueda de seres queridos desaparecidos puede tomar muchísimos colores y matices, cuenta Mendoza. Algunas mujeres estudian minuciosamente las leyes y exigen reformas que favorezcan a quienes buscan, como el establecimiento de comisiones locales de búsqueda. Otras pintan murales para mantener vivo su recuerdo en espacios públicos.
“A veces buscamos con la voz, a veces con los pies, a veces con el corazón, y a veces cocinando, como lo es en el caso del recetario”, dijo.
Sopa de papa para Olivia, del Recetario para la memoria, Colombia. Foto © Zahara Gómez.
La comida como memoria, de México a Colombia
En 2025, el equipo editorial llevó el proyecto a Colombia junto con Mendoza y otres participantes de México.
Junto con organizaciones de Bogotá y Medellín, crearon la tercera edición de El Libro de Recetas, conectando casos a través de las fronteras y el tiempo. Cuenta con 44 recetas e historias que abarcan desde el Bogotazo de 1948 hasta las manifestaciones masivas de 2021, trazando los ciclos de violencia estatal. Según los informes, más de 135.000 personas fueron desaparecidas en Colombia.
María del Pilar Navarrete tenía 20 años y era madre de cuatro hijes cuando su esposo, Héctor Jaime Beltrán Fuentes, fue desaparecido durante el asedio al Palacio de Justicia de Bogotá en 1985. En ese momento, guerrilleros del M-19 irrumpieron en la Corte Suprema para protestar contra el entonces presidente Belisario Betancur. El ataque militar dejó casi 100 personas muertas y 11 desaparecidas, entre ellas Beltrán Fuentes, un trabajador civil de una cafetería.
“Afortunadamente yo logré encontrar algunas partes de su cuerpo hace ocho años”, dijo en entrevista con Ojalá, un sombrío alivio a la incertidumbre desgastante que acompaña la búsqueda de un cierre.
Para el Recetario para la Memoria, Navarrete frió bocachico, un tipo de pescado, en memoria de su esposo, quien era de la costa. Fue la primera vez que lo cocinó. Lo sirvió con un banquete costero completo, incluyendo lo que más le gustaba a Héctor: ensalada de tomate, cebolla y aguacate, arroz, jugo de tamarindo y el ácido suero costeño, una especie de leche fermentada. Héctor preparaba bocachico seguido, pero Navarrete lo había evitado durante mucho tiempo.
“Es un trabajo muy especial de quitarle las escamas, tasajear el pescado, limpiarlo muy bien, luego tener el aceite en un punto perfecto para que no se pegue. Yo tenía mucho miedo”, dijo Navarrete, entusiasmada al describir el proceso y dar detalles sobre los acompañamientos y sus orígenes. Frió el bocachico a la perfección. “La comida siempre nos va a llevar a entrelazar recuerdos, amor, sabor, olores y sentimientos”.
La pared de la oficina de Navarrete está cubierta de consignas coloridas que evocan la memoria. Durante nuestra videollamada, gira la cámara para mostrármelas. Para ella, la memoria es mágica, una fuente de sustento en la prolongada búsqueda de justicia. Cuando los recuerdos son dolorosos “nos permitimos transformarlos de diferentes maneras, como amasar”, dijo. El Recetario para la memoria forma parte de esta alquimia. “Es maravilloso poder volver a traer al mundo real a la persona de esta manera con la comida”.
Hoy en día, Navarrete es vocera nacional de la estrategia de verdad y justicia del Movimiento de Víctimas de Crímenes de Estado de Colombia, una coalición de base conformada por organizaciones y personas. Al igual que en México, denunciar una desaparición en Colombia es un acto de valentía que conlleva un gran riesgo, especialmente cuando las fuerzas estatales están involucradas.
Navarrete señaló que, en Colombia, les migrantes, las mujeres y las infancias suelen quedar excluides de las estadísticas oficiales sobre desapariciones forzadas, ya sea por carecer de personalidad jurídica o por ser descartades como fugitives.
En este contexto de horror compartido, Mendoza, la buscadora de Guanajuato, explicó que “El recetario nos regaló una mirada distinta de vernos a nosotras mismas, las mujeres buscadoras”.
“Aprendimos que no estamos solas, que aunque no conozco los rostros y todos los nombres de las mujeres buscadoras en Colombia, ellas, desde allá, desde su territorio, me acompañan en mi búsqueda”, dijo.
El apoyo es mutuo. Mendoza también está buscando a Nataly Sáenz, una mujer colombiana que desapareció en Guanajuato, a petición de su hermano. El plato favorito de Nataly es el guiso de pollo cocido a fuego lento con yuca, papas y maíz.
Recetas para recordar y resistir
El Recetario para la Memoria forma parte de un número cada vez mayor de libros de cocina que sirven como archivos vivos de la resistencia.
Cocina por ellas: memoria, lucha y esperanza en cada plato publicado en 2024 rinde homenaje a víctimas del feminicidio en México a través de sus recetas favoritas. Lo crudo, lo cocido y lo finamente picado. Sabores y sinsabores de las mujeres en prisión. Recetario canero del 2019 muestra las recetas improvisadas y las condiciones deplorables de las mujeres encarceladas en la prisión de Santa Martha Acatitla en Iztapalapa, Ciudad de México.
Y Cultura Alimentaria Indígena: Territorio, tradición, y transformación de los sistemas alimentarios de las Américas, publicado el año pasado,articula una lucha a escala continental contra la agricultura industrial a través de platos de 10 comunidades indígenas.
En todos estos casos, las viñetas centradas en la comida sirven como herramientas para combatir el estigma. Las cocinas se convierten en primera línea de batalla en luchas más amplias por la dignidad y la justicia, y la comida asume su papel histórico como vehículo de la memoria viva.
En tiempos de violencia sistémica y desarraigo, el Recetario para la memoria es una invitación a la escucha colectiva. Dicha invitación sigue creciendo y evolucionando a través de la colaboración con colectivos, comunidades, museos y espacios de memoria. Están en marcha futuras ediciones,con historias de otros dos territorios latinoamericanos también marcados por las desapariciones forzadas.
“El platicar cómo cocinas es decirle a la gente cómo es tu hogar, cómo es tu familia, cómo es tu convivencia”, dijo Mendoza, “Cómo abrirle la ventana a toda la gente”. Para Gómez, el Recetario para la memoria abrió esa ventana y se convirtió en una “cuestión de aprenderse o de mirarse en la otra”.
“Con el amor que nos tenemos hemos aprendido [a] ‘desterritorializar’ a los y las desaparecidas”, dijo Mendoza. “No importa en qué lugar, en qué país hayan desaparecido, nos faltan en este momento a todas y a todos”.

