Apoyo mutuo contra ICE en Texas
Colectivos y activistas se movilizan en San Antonio, Texas el 30 de enero, 2026, como parte del Paro Nacional convocado después de los asesinatos de Renée Good y Alex Pretti a manos de agentes de ICE y la Patrulla Fronteriza. Foto © Antonio Guillén.
Reportaje • Pamela Carmona • 17 de abril, 2026 • Read in English
Es jueves a las 11 p.m. cuando Jessica Solís recibe una llamada. La mujer al otro lado del teléfono le dice que su esposo no ha regresado a casa. Supo de él por última vez hace más de seis horas cuando le avisó que había sido detenido por la policía en Fredericksburg, cerca de San Antonio, Texas.
A Solís y a la señora les preocupa lo mismo: que luego de su detención, su esposo haya sido entregado al Servicio de Control de Inmigración y Aduanas, mejor conocido por sus siglas en inglés, ICE.
Este no es el teléfono personal de Solís: es una línea de emergencia que puso a disposición el colectivo Venceremos —organización de base que busca apoyar a migrantes— cuando la administración de Donald Trump endureció la política migratoria al inicio de su segundo mandato. Esta es solo una de las muchas llamadas que Solís atiende todos los días como integrante de la organización.
Hace meses que se escucha la misma historia en San Antonio: personas que son detenidas por infracciones de tránsito menores, como llevar alguna luz del auto fundida, terminan en custodia de ICE. Después son llevadas a los centros de detención sin la oportunidad de avisar a sus familias.
Una red cada vez más urgente
La línea de respuesta rápida de Venceremos opera las 24 horas del día, los siete días de la semana. Reciben reportes de presencia de ICE en San Antonio e intentan llegar lo antes posible para brindar asesoría a las personas en riesgo de ser detenidas.
Cada mes reciben alrededor de 100 llamadas que son atendidas por una red de 60 voluntaries. Cinco cumplen el rol de despachadores: reciben las llamadas, recopilan la información y movilizan al resto del equipo.
“En el año hemos visto mucha fluctuación. Hay días que solo llega una llamada, pero esos días casi ya no existen”, dijo Solís en una entrevista. “Lo más común es tener cinco llamadas, pero en un día podemos tener hasta 20 llamadas”.
Desde mediados de diciembre de 2025 hasta marzo de 2026, se han registrado más de 5.000 arrestos de ICE en San Antonio, una de las ciudades con más detenciones en el país. Frente a la magnitud de las persecuciones, muchas otras redes de apoyo mutuo se han articulado a lo largo de la ciudad.
Todas las semanas, les voluntaries se organizan para acudir a las oficinas de ICE en la calle Crosspoint. Aquí es donde les migrantes tienen que presentarse regularmente para sus citas de control mientras su caso sigue abierto.
En días hábiles, un enorme autobús blanco espera afuera de las oficinas de Crosspoint y de la Corte de Inmigración de San Antonio en la calle de Dolorosa, donde se ha vuelto una escena cotidiana ver a personas entrar libremente a su cita y salir esposadas y ser subidas a este camión para ser llevadas a los centros de detención.
ICE ha comenzado a detener a migrantes que acuden a sus audiencias, tras ampliar el uso de la llamada “remoción expedita”. En estos casos, los procesos se cierran en la corte y, sin audiencia, pasan directamente a un procedimiento acelerado de deportación. Todo esto ocurre incluso cuando están cumpliendo con las citas requeridas por el propio gobierno.
Acompañar en un contexto hostil
La práctica de acompañar a inmigrantes en San Antonio empezó en 2025, cuando comenzó a circular el rumor de un aumento de detenciones en las cortes. Varias colectivas se organizaron para atestiguar lo que estaba sucediendo, documentando los arrestos y haciéndose presentes, recordando a las autoridades que la comunidad está observando.
Alynn Jiménez es una de las voluntarias que acompañan a las personas que asisten solas a sus citas, labor que realiza junto a la Interfaith Welcome Coalition y Revolución Violeta, organización que fundó. Además de hacer acompañamientos particulares, Jiménez y otros grupos acuden a estas oficinas para llevar alimento, agua y brindar información sobre los derechos de las personas migrantes.
“Yo voy desde las ocho hasta las 10 de la mañana. Le decimos a la gente: ‘oigan, acá hay pan, hay tacos, es totalmente gratis’”, dijo Jiménez. “Les preguntamos, ‘¿ya tienes algún abogado? Sabemos que esta persona puede tomar casos por muy bajo costo, hasta incluso gratuitamente’”.
Con el aumento de las detenciones, las redes de respuesta trabajan sin descanso. Las protestas se han intensificado y se han traducido en una campaña para presionar al gobierno local con el fin de que limite las operaciones de ICE en San Antonio.
Durante enero y febrero de 2026 se organizaron más de 36 walkouts en diversas preparatorias y universidades, una forma de protesta en la que les estudiantes abandonan colectivamente sus clases. Las movilizaciones estudiantiles fueron tan numerosas que la Agencia de Educación de Texas emitió una advertencia formal reiterando que los paros y cualquier forma de activismo político durante el horario escolar pueden acarrear sanciones.
Pero el alumnado continúa movilizándose, al igual que otres activistas y organizaciones defensoras de las personas migrantes, fuera de los centros de detención, de las cortes y del ayuntamiento. La sociedad civil de San Antonio se adhirió también a convocatorias nacionales como el paro del 30 de enero que se organizó después de los asesinatos de Renée Good y Alex Pretti en Minneapolis.
Las protestas continúan pero los arrestos no paran. Gran parte de las personas migrantes no puede esperar cambios legislativos o un cambio de gobierno que las proteja. El miedo atraviesa la vida cotidiana y muchas familias ya ni siquiera salen de sus casas por temor a ser detenidas.
Comunidad como herramienta y sostén
Dianne García, pastora en la Iglesia Roca de Refugio y fundadora de la organización Nuevos Vecinos, ha articulado una red de 60 personas que llevan comida semanalmente a 50 familias que no pueden salir de su casa por miedo a ser detenidas y deportadas. También brindan alojamiento a quienes se han quedado sin hogar y facilitan el acceso a medicamentos.
“Ahora el trabajo es un poco diferente porque no hay más familias cruzando la frontera y las familias que estamos recibiendo en nuestro programa han estado aquí cuatro años, cinco años”, dijo García. “Pero están cayendo en crisis debido a [esta] administración”.
El gobierno de Trump dejó a cientos de personas sin trabajo al reducir la duración de los permisos de trabajo para migrantes con Estatus de Protección Temporal —entre quienes se encuentran refugiades o solicitantes de asilo— de cinco años a 18 meses. Las deportaciones han dejado a muchos hogares sin la persona que aportaba el principal sustento económico.
Para les trabajadores que ya vivían en condiciones vulnerables, la situación se ha vuelto todavía más difícil. Entre ellas, las trabajadoras del hogar, muchas de las cuales abandonaron su trabajo por la presencia de ICE.
“Ya ellas mismas nos dijeron, ‘ya Aracely, ya no voy a venir porque tengo miedo, ya no voy a venir porque están parando a la gente cuando están manejando’”, dijo Aracely Herrera, fundadora de Domésticas Unidas, organización dedicada a mejorar las condiciones laborales y brindar talleres. “Otras dijeron, ‘no, porque se están subiendo a los buses’. Entonces ya, pues ya se fueron y ya no tenemos contacto con ellas”
Ante la posibilidad de ser detenidas, Domésticas Unidas les ayuda a elaborar un plan de emergencia. Eso puede incluir una carpeta con documentos clave que incluye poderes tutelares para que alguien pueda recoger a los niños en la escuela, poderes notariales para recuperar un auto abandonado tras un arresto o autorizaciones para que otra persona pueda acceder a cuentas bancarias o hacerse cargo de una casa.
Antes, Herrera se enfocaba en brindar formación para negociar un mejor salario. Ahora, la prioridad está en responder a los efectos de las detenciones.
“Ahora lo que le estamos enseñando es más radical, porque la situación ya ahora es radical”, dijo Herrera en una entrevista. “Ahora ya no es que no los dejes entrar [a agentes de ICE], ahora ya es que te van a llevar, porque te agarran y te llevan.”
Ningún lado es seguro, pero aunque haya miedo y desesperación, el apoyo mutuo se ha hecho presente para proteger a toda una comunidad.
“Formar comunidad y conexión entre personas, especialmente entre personas diferentes, de diferentes países, de diferentes idiomas, es nuestra respuesta más importante, más poderosa a la deshumanización que vemos de la administración”, dijo la pastora y activista García.En San Antonio, el apoyo mutuo se articula a través de relaciones y redes que permiten, literalmente, sobrevivir el presente.
Este artículo se basa en un reportaje publicado anteriormente en el episodio Apoyo Mutuo en Tiempos de ICE de Autonomías Podcast, producido por la misma autora.

