El feminismo antifascista toma Bogotá
Manifestante sostiene un cartel que dice "Nos entierran, pero olvidan que somos semillas" en la marcha del 8M, Bogotá, Colombia, 15 de marzo, 2026. Foto © Mariana Mora.
Reportaje • Mariana Mora • 26 de marzo, 2026 • Read in English
En una placita de la zona noroccidental de Bogotá se formó una muchedumbre bajo el sol. Mujeres, lesbianas, personas no binarias y trans se preparaban para marchar el 15 de marzo, en el marco del Día Internacional de la Mujer Trabajadora.
Este año, la plataforma feminista Somos un rostro colectivo, que lleva ocho años organizando las manifestaciones el 8m en Bogotá, decidió aplazar la fecha histórica porque el 8 de marzo se realizaron las elecciones legislativas y las consultas interpartidistas para definir candidatxs presidenciales.
La marcha arrancó a las 11:30. De acuerdo con las gestoras de convivencia de la Alcaldía de Bogotá, desfilaron alrededor de 4.000 personas, aunque las organizadoras calcularon unas 7.000. En algunos de los carteles, las consignas y la iconoclasia que realizaron lxs manifestantes abordaron el fascismo.
“En Colombia tuvimos y tenemos nuestras propias antifascistas que lucharon contra el colonialismo como las cimarronas, palenqueras y campesinas”, dijo Lety Muñoz Morales, parte del colectivo Feministas Antifascistas de Colombia. Se refiere a las mujeres afrodescendientes, quienes desde el siglo XVI desafiaron a sus esclavizadores, huyeron y conformaron palenques, es decir, territorios autónomos de personas fugadas de la esclavitud.
El feminismo antifascista es clave para el colectivo, que lleva 10 años de organización, porque con el resurgimiento del fascismo en América Latina, las primeras en perder derechos conquistados son las mujeres y las disidencias sexogenéricas.
“No es un secreto que la derecha es bastante antiderechos”, dijo más adelante Sara Sofía Parra, estudiante de 21 años que acudió a la manifestación con su pareja, Ian Millán, un muchacho trans de 25 años. Ambxs se sienten preocupadxs por el giro que podría dar la política nacional con la potencial llegada de un gobierno de derecha y el aumento de violencias que de por sí son alarmantes.
El año pasado la Defensoría del Pueblo advirtió un agravamiento de las violencias extremas contra las personas LGBTIQ+: en el 2025 atendió 646 casos de crímenes de odio, 30 por ciento más que en 2024. Además, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos expresó su preocupación por la situación de violencia contra esta población en Colombia tras el transfeminicidio de Sara Millerey en 2025, que alcanzó titulares internacionales por la crueldad con que fue cometido.
“Siento que la lucha no acaba para nosotros, ni ahora, ni en unos mil años”, dijo Millán. “Igual ninguna persona que llegue al gobierno va a representar al 100 por ciento nuestros derechos y nuestros ideales”, añadió Parra.
Batucada inicia su intervención en la marcha del 8M, Bogotá, Colombia, 15 de marzo de 2026. Foto © Mariana Mora.
Elecciones y agendas
“Nos llama mucho la atención que se haya convocado a las elecciones un 8 de marzo, cuando sabemos que es el día que nosotras tomamos las calles”, dijo Paulina Góngora, integrante de Somos un rostro colectivo, feminista y educadora popular. “Pero nosotras quisimos respetar esta fecha para garantizar que las personas fueran a votar porque en este momento nuestro país lo necesita”.
Además de senadorxs y representantes del Congreso, el 8 de marzo se eligieron tres candidatxs presidenciales: Roy Barreras del partido de centro-izquierda La Fuerza de la Paz, Claudia López, exmilitante del partido Alianza Verde y con orientación política de centro, y Paloma Valencia del Centro Democrático, el partido de derecha fundado por el expresidente Álvaro Uribe.
Además de estxs tres candidatxs, contenderán once más, entre ellos Iván Cepeda, que fue elegido como candidato del Pacto Histórico, la coalición que gobierna actualmente, en su propia consulta en octubre de 2025 y hasta el momento lidera las encuestas de intención de voto. La primera vuelta de las elecciones presidenciales tendrá lugar el 31 de mayo.
“El hecho de que estén tratando de posicionar como cara de la ultraderecha a una mujer es una forma de lavarle la cara, como si fuera progresista”, dijo Gabriela Franco Prieto, parte deLa Totuma Ecofeminista. “Cuando realmente lo que está detrás de su proyecto político es un modelo de acaparamiento de tierras y preserva el modelo económico actual, que es de crecimiento para unos pocos”.
Para Franco Prieto y sus compañeras, la lucha antipatriarcal está estrechamente ligada a la tierra, al territorio y al cuidado de lo común, “sobre todo en un país como Colombia, que ha sido un lugar de disputa y de conflicto armado”.
De acuerdo con un análisis de la propiedad rural del Departamento Administrativo Nacional de Estadística, solo el 36,3 por ciento de los títulos de propiedad de tierra están a nombre de una mujer, aun cuando ellas representan más de la mitad del total de la población en el país. Además, el 51,2 por ciento de las mujeres propietarias realiza labores domésticas como su principal actividad, frente al 6,5 por ciento de los hombres.
“Vemos que las mujeres, como aliadas políticas de la tierra —así como las personas feminizadas y queer—, han sido las líderes de las huertas, de la defensa de los humedales, de los páramos, de los cerros, y están empujando otras ciudades posibles desde el ecofeminismo”, dijo Franco Prieto.
Barrios populares en la lucha
El recorrido del contingente cambia cada año. Este año la movilización atravesó barrios populares y de clase media de la localidad de Engativá.
“Buscamos lugares en donde sentimos que hay que alzar la voz”, dijo Góngora de Somos un rostro colectivo, explicando que en algunos barrios de la ciudad “pueden tener una mirada muy estigmatizada del feminismo”.
En esta ocasión, el paso del contingente por calles estrechas, al pie de las casas y frente a comercios abarrotados despertó la curiosidad de lxs vecinxs. Algunxs miraron con cara seria, otrxs grabaron. Hubo quienes aplaudieron y bailaron al ritmo de la batucada.
“La defensa del barrio es feminista”, decía una lona en la marea que marchaba. “Acá todas somos mujeres del sur, del barrio. La lucha nace ahí y lo defendemos siempre”, dijo Sofía, una de las mujeres que sostiene la lona y que prefirió omitir su apellido. Según datos del Observatorio de Salud de Bogotá, siete de las 10 localidades con mayor índice de pobreza monetaria extrema están en el sur de la ciudad.
“En los barrios hay una violencia estructural que viene de que la mujer esté en la casa, que la mujer sea la que críe, del microtráfico y de la gentrificación que ya comenzó a llegar a los barrios y hace que la vida sea más precaria”, añadió la manifestante de 18 años. “Esa es la lucha que traemos este 8 de marzo”.
Manifestantes bailan al ritmo de la batucada al final de la marcha, Bogotá, Colombia, 15 de marzo, 2026. Foto © Mariana Mora.
Estudiantes organizadas contra la violencia
Alrededor de las 2 p.m., el contingente llegó al Parque Villa de Luz, el corazón del barrio del mismo nombre, el destino final de la marcha. Ahí hablé con estudiantes de la Academia Superior de Artes de Bogotá (ASAB), de la Universidad Distrital, sobre el plantón que hicieron unos días antes afuera de la facultad para exigir que se tomaran medidas ante el aumento de acoso sexual y hostigamiento debido a las obras del metro en la zona.
“Desde principios de febrero estuvimos denunciando por los canales correspondientes con la universidad, con el distrito y con la policía”, dijo Fernanda Meléndez, estudiante de la ASAB. “Siempre nos aplazan y no nos dan respuesta de nada”.
Por este motivo, el 11 de marzo alrededor de 100 personas protestaron de forma pacífica a través de danza, pintura y performance hasta que llegó la Unidad de Diálogo y Mantenimiento del Orden (UNDMO) para reprimir la manifestación.
El Ministerio de Educación de Colombia reportó 215 casos de violencia basada en género en universidades entre 2022 y septiembre del año pasado; sin embargo, la organización Aula Abierta sostiene que hay un subregistro en esta cifra.
“No nos sentimos seguras ni con los profesores, ni con los estudiantes y están dejando entrar personas externas a la universidad que también nos están vulnerando”, dijo Sofi, estudiante de la ASAB de 18 años que prefirió no dar su apellido. Sus compañeras hablaron de alumnos y docentes con denuncias de acoso y misoginia que no han sido atendidas por la universidad.
Las estudiantes me compartieron sus historias en un jardín del parque a espaldas de la cancha donde un colectivo de sonideras ponía a bailar a lxs asistentes al ritmo de la cumbia. Más tarde, otro grupo acompañó la jornada con cantos a la tierra y a las defensoras.
Pero a los pocos minutos de que el parque se convirtiera en una fiesta, llegó la UNDMO con dos Vehículos Ligeros Blindados Búfaloy se atrincheró en torno al Comando de Atención Inmediata (CAI) del parque que algunas manifestantes intervinieron con mensajes como “la policía viola”.
Dos años antes, el 8M de 2024 terminó con la irrupción de este cuerpo policial en la Plaza de Bolívar, el punto final de la marcha. Las autoridades apagaron las luces de la plaza, cercaron los accesos y lanzaron gases lacrimógenos al contingente. Esta no sería la primera ni la última vez que el alcalde Carlos Fernando Galán enviara policías a reprimir manifestaciones: por eso la reaparición de la UNDMO dos años después despertó las alertas en lxs manifestantes.
Durante más de dos horas, alrededor de 50 oficiales de la unidad antidisturbios permanecieron en formación, enfrentadxs a las mujeres y disidencias que entonaban consignas contra ellxs.
Pese a estar frente a un cuerpo policiaco que asesinó a 24 personas durante el Paro Nacional en 2021, el grupo se mantuvo firme de cara a más de 50 oficiales durante más de dos horas.
Mientras tanto, integrantes de Somos un rostro colectivo caminaban de un lado a otro, tratando de mediar para que no las reprimieran y, finalmente, la policía se fue sin ejercer mayor violencia; pero la tensión desgastó los ánimos festivos con que llegó el contingente al parque. El día terminó sin daños a lxs manifestantes, aunque con la certeza de que sus luchas tienen aún un largo camino por delante.

