La solidaridad que cruza mares

Ilustración digital de @Pazconadie.

Entrevista • Andrea Sato • 23 de enero, 2026 • Read in English

El genocidio en Palestina es un desgarrador reflejo de la brutalidad colonial que repercute a nivel global. Hoy, las prácticas de resistencia y solidaridad global en apoyo a Gaza pueden replicarse para garantizar la defensa de los territorios, algo que en Abya Yala urge con la invasión estadounidense a Venezuela y las amenazas de Donald Trump hacia países de la región. Estas estrategias surgen como faros de esperanza y de aprendizaje comunitario. Practicar la solidaridad es abrazar la ternura de los pueblos.

En ese entramado colectivo de resistencia se encuentra la Flotilla Global Sumud, sus barcos tripulados por voluntaries internacionales que buscaban romper el bloqueo de Israel. La activista mexicana Miriam “Mina” Moreno Sánchez vivió esa experiencia solidaria.

Moreno Sánchez nació en Guadalajara, Jalisco. Persiguiendo el amor de una mujer y la vida en el océano, se instaló en Playa del Carmen, en el estado de Quintana Roo. Llegó a la costa del Caribe cuando aún era una costa tranquila y fue testigo de cómo Playa se convirtió en una ruidosa ciudad destinada al turismo. 

Moreno Sánchez se certificó como buza y entendió que su biografía estaba unida al mar. En especial, a los cenotes que hasta hoy día defiende. Forma parte de la organización SOS Cenotes, que busca proteger el gran acuífero de la cuenca maya. Ha estado en resistencia contra la construcción e instalación del Tren Maya, un megaproyecto ferroviario para el cual se desforestaron kilómetros de selva y se produjo un daño irreversible en el sistema de cenotes, cavernas y ríos subterráneos de la región.

El amor por el mar y la defensa de la vida la llevaron a Moreno Sánchez a una aventura impensada: formar parte de la tripulación del Shireen, uno de los  barcos de la Flotilla Global Sumud. El Shireen fue diseñado como una plataforma de observación legal y humanitaria para romper el bloqueo israelí en Gaza y hacer llegar ayuda humanitaria a quienes más la necesitan. El barco fue nombrado en honor a la periodista palestina Shireen Abu Akleh, asesinada en mayo de 2022 mientras cubría la ocupación israelí. 

La tripulación estuvo compuesta por abogades, periodistas, personal médico y activistas internacionales, que actuaban como observadores legales y humanitaries. Finalmente, tuvieron que desviar el Shireen hacia Chipre cuando Israel empezó a interceptar barcos. 

Moreno Sánchez nos compartió un poco de lo que vivió arriba del Shireen durante el fin del verano europeo de 2025 en una entrevista por Zoom, que ha sido ligeramente editada.

Andrea Sato: Cuéntame un poco, ¿cómo llegaste a la Flotilla Global Sumud?

Miriam Moreno Sánchez: Fue como un cúmulo de conexiones y amistades. Hace dos años y medio hicimos una caravana en el sur de México llamada El Sur Resiste, y recorrimos la costa de Chiapas hasta la península de Yucatán para hacer el mismo camino que los dos megaproyectos en México: el Corredor Interoceánico y el mal llamado Tren Maya. 

Durante la caravana conocí a un amigo italiano que nos conectó para que fuéramos al Congreso de Justicia Climática en Milán, en Italia. Ahí la conocí a Morana: ella es de Croacia y es capitana de barcos. 

A ella le pedí que me enseñara a velear en Europa ese verano, pero después me dice que le salió una misión que no podía rechazar. Era para capitanear uno de los barcos de la Flotilla.

Y le pregunté: “¿En qué les ayudo? ¿necesitan manos?”. Me dijeron que sí, que fuera a Italia y ayudara a preparar los barcos. Mi plan era, cuando zarparan los barcos, ir a vacacionar bien a gusto.

En vez de tardar dos días en preparar el barco, fueron como cinco o seis. Estaba muy integrada al equipo, la verdad, ya hasta hacían bromas de que yo, obviamente, ya me iba a unir al viaje. Yo pensé que todo estaba súper organizadísimo e inamovible. 

Y Morana —mi amiga y capitana— me dijo: “Acompáñanos a Túnez para que nos eches ahí la mano con cosas, y ya, si quieres, puedes pensar si seguir”. Ya en Túnez nunca salí de ese barco, hasta un mes después. Al final sí me aventé en mi curso intensivo de vela, pero en vez de en el mar Adriático, pues ahí en el Mediterráneo, cuidándonos de drones y chingaderas.

AS: ¿Cómo lo sentiste? Una decisión que tomaste de la noche a la mañana.

MMS: Pues la verdad, tuve como una corazonada muy grandísima, en especial por todo el apoyo en Italia. Pero me preocupaba mi mamá; ya es mayor, tiene 77 años, tiene la edad del Estado de Israel. Cuando le conté, ella me dió su apoyo. Me dijo que había que hacer algo.

Cuando ya me subí al barco y estábamos en camino, sí fue como de mayor reflexión. Me pregunté: “Espérate, ¿qué elegí? ¿A qué le dije que sí?”.

Todo estaba bien, pero cuando llegamos a Túnez, justo fueron los ataques con explosivos, con drones, desde submarinos. Y ahí caí en cuenta de la magnitud de mi decisión. Porque pensábamos que lo más peligroso sería la zona cercana a Gaza. Y, en ese momento, nos dimos cuenta de que todo el camino era zona de riesgo.

En este escenario, nos esforzamos mucho por ser un equipo amoroso y cuidadoso, a pesar de nuestras muchísimas limitaciones, incertidumbres y situaciones personales. 

Durante el viaje, empezamos a cuidarnos de no enloquecernos con todo lo que estaba alrededor pasando, hacíamos comida rica y juegos. Morana nos sugirió hacer parejas a diario para checar cómo estaban. Después lo empezamos a hacer con todo el grupo. Fue una práctica que mantuvimos hasta el final del viaje para cuidarnos.

Sí hubo veces, como que me sentaba viendo el mar y me preguntaba: ¿dónde me fui a meter?  Pero al mismo tiempo sentía una satisfacción por estar ahí.

AS: Cuando empezaron a acercarse a Gaza y ya las amenazas estaban patentes, ¿cómo lo sentiste en términos de apoyo del grupo, del barco en el que ibas, pero también como flotilla? 

MMS:  Conforme nos acercábamos, sí sentí que la tensión en la gente aumentaba bastante. Hicimos nuestro mejor esfuerzo, supongo, para que no nos dominara el miedo. Había muchas situaciones fuera de nuestro control: la técnica de 45 barcos, las corrientes, los vientos, además de las cosas humanas. 

Por otra parte, las personas de la flotilla también empezaron a irse. Algunas tenían que irse por emergencias médicas y otras porque se les acabó el tiempo y tenían que volver a sus trabajos y a sus vidas. Eso era también muy fuerte, porque ya habías construido toda esta relación con personas que eran tu familia, entonces esos movimientos emocionales, energéticos, fueron súper duros. Nos despedíamos en el borde del barco sin saber si nos íbamos a encontrar de nuevo.  

Yo creo que algo que nos sobrepasó, más allá de los miedos que llegaban o de los picos de adrenalina, fueron las noches oscuras. Todas las noches cumplíamos turnos de vigilancia largos, pero era estar al pendiente. Había muchos drones, todo el tiempo. Teníamos que estar vigilantes sin que te ganara el miedo o la ansiedad. Fue desgastante estar preocupada las 24 horas. 

Pero, lo que te sostenía esas noches eran los destellos de solidaridad. 

Cuando llegamos a Túnez, el primer puerto donde fueron los ataques, había miles de personas, pero yo nunca había visto eso, no cabía un alma: de la montaña bajaba gente con banderas, gritando y con fuegos. Todas las noches las personas salían a ver los barcos.  

Lo que estábamos haciendo estaba moviendo a muchas personas en el mundo. Y entonces, ya cuando tenías que lidiar con las cosas en el mar, todo se volvía más leve.

Estábamos conscientes de que romper el bloqueo era casi imposible. Pero sí se quebraron los bloqueos en estos pequeños actos, gestos. Donde las personas miraron, se informaron, tal vez publicaron algo en sus redes sociales o se organizaron para presionar a sus gobiernos o salir a manifestarse.

Andrea Sato

Andrea nació en el sur del mundo un día de verano. Lesbiana Feminista, investiga en Fundación SOL (Chile), es estudiante del Doctorado en Sociología de la BUAP y disfruta de catar mangos.

Andrea was born on a summer day in the southern hemisphere. She’s a lesbian feminist who is a researcher with Fundación SOL in Chile, a PhD student in sociology in the BUAP, Puebla, and enjoys tasting mangos.

Next
Next

Plantón de activistas trans inicia su tercer mes en Monterrey, México