EEUU, 1984

“El odio no te salvará”, ilustración digital de Colejoyprints. CC BY-NC-SA 4.0.

Opinión • Kristian Williams • 16 de enero, 2026 • Read in English

El discurso de Donald Trump del 17 de diciembre, emitido en horario estelar, justo cuando el ejército estadounidense intensificaba su ofensiva contra embarcaciones en la costa norte de Sudamérica, resultó, a primera vista, francamente desconcertante. Muches esperaban que anunciara la invasión de Venezuela. En cambio, lo que escuchamos fueron 18 minutos de gritos sobre que la economía está bien, pero que, sin duda, mejorará.

Casi todos los indicadores objetivos muestran que la economía estadounidense está peor que hace un año. Pero además, Trump debe su victoria electoral de 2024, en parte al menos, a que su rival no supo afrontar la realidad económica, lo que le permitió tachar a les demócratas de elitistas desconectades de la realidad a quienes solo les faltaba decir “que coman pastel”. Ahora, el propio Trump parece estar cometiendo exactamente el mismo error.

Sí que abordó, al menos, temas prácticos que afectan al bolsillo, aunque lo hizo de una manera completamente alejada de la realidad. “El precio de los huevos ha bajado un 82 por ciento desde marzo y todo lo demás está cayendo rápidamente [...] los precios de los medicamentos y productos farmacéuticos hasta un 400, 500 e incluso 600 por ciento. La gasolina cuesta ahora menos de $2,50 dólares por galón [$0,66 dólares por litro] en gran parte del país. Por cierto, en algunos estados acaba de alcanzar los $1,99 dólares el galón [$0,52 dólares por litro]”. 

Mi primera reacción al escuchar el discurso fue preguntarme a quién podría convencer. La gente sabe cuánto cuestan los huevos ($2,86 dólares en promedio por docena, lo que ciertamente es un 42 por ciento menos que en el pico de la gripe aviar). Saben cuánto cuesta la gasolina ($0,76 dólares el litro). Y, sin duda, saben que cuando acuden a la farmacia a recoger sus medicamentos, esta no les devuelve dinero. Las cifras de Trump no son meras invenciones, sino auténticos absurdos. Un precio no puede bajar un 600 por ciento y seguir llamándose precio.

El precio del engaño

Me vino a la mente una escena de la novela 1984, de George Orwell, algo que cada vez ocurre con más frecuencia. Winston Smith, el protagonista alienado de la novela, se encuentra en el comedor cuando, de repente, la pantalla que tiene delante emite un anuncio del Ministerio de la Abundancia:

“¡Atención, camaradas! ¡Tenemos gloriosas noticias que comunicaros! Hemos ganado la batalla de la producción. Tenemos ya todos los datos completos y el nivel de vida se ha elevado en un veinte por ciento sobre el del año pasado”.

Winston sabe que las cifras citadas son mentira, pero le preocupa más la reacción del público. “Por lo visto, había habido hasta manifestaciones para agradecerle al Gran Hermano el aumento de la ración de chocolate a veinte gramos cada semana. Ayer mismo, pensó, se había anunciado que la ración se reduciría a veinte gramos semanales. ¿Cómo era posible que pudieran tragarse aquello, si no habían pasado más que veinticuatro horas?”.

Lo absurdo es lo importante.

A Trump no le importa si sus cifras son correctas, ni si las creemos. Le basta con que sus seguidores lo acepten por lealtad, si no las estadísticas concretas, al menos la idea general.

Militarismo y confusión

Entre les detractores de Trump cunde la esperanza de que la economía sea su perdición, que el daño innegable que sus políticas causan a su base acabe finalmente con el movimiento MAGA (Que EE.UU. sea grande otra vez, por sus siglas en inglés). Yo comparto esa esperanza, pero no hay nada asegurado.

En mi opinión, lo más probable es que sus seguidores sigan buscando chivos expiatorios. Esta tendencia, presente desde el principio en las consignas electorales de deportaciones masivas y promesas de castigar a la oposición política, se ha manifestado claramente en la creciente presencia del Servicio de Control de Inmigración y Aduanas (ICE) en ciudades controladas por el Partido Demócrata y en el intento efímero de reforzarla con tropas militares.

Tales despliegues solo sirvieron para fomentar el “desorden” que pretendían combatir, lo que los hizo contraproducentes desde un punto de vista, pero justificables desde otro.

Cuando la respuesta del público fue moderada o no lineal —siendo el caso más famoso el uso de disfraces inflables de animales por manifestantes—, bastó que las huestes lacayas de Trump inventaran los hechos que hicieran falta. Reciclaron imágenes de los disturbios de 2020 sin mencionar su procedencia e insistieron descaradamente en que se enfrentaban a multitudes violentas, mientras sus propios streamers mostraban protestas pequeñas y notablemente poco intensas.

De nuevo, la voluntad de repetir una mentira es más importante que la capacidad de cualquiera para creerla realmente.

La lógica de aplicar la violencia racial a los problemas económicos también es evidente en la reciente incursión de las Fuerzas Especiales en Venezuela y el secuestro del presidente Nicolás Maduro en un intento explícito de controlar el petróleo de aquel país.

Aterrorizar a inmigrantes no aumentará los salarios y encarcelar a Maduro no bajará los precios. Los aranceles arbitrarios no contribuyeron en nada a revitalizar la industria manufacturera estadounidense. Pero en cada caso, Trump declarará con orgullo lo contrario.

Una economía en deterioro, combinada con la destrucción de los servicios públicos, seguirá perjudicando en gran medida a muches simpatizantes de Trump, especialmente trabajadores en zonas rurales.  En lugar de dejar de apoyarlo, les fieles seguidores de MAGA tal vez busquen nuevas víctimas a las que castigar, mientras continúan alabando a Trump por sus éxitos imaginarios.

Les encanta el Gran Hermano. 

Kristian Williams

Kristian Williams es autor de Between the Bullet and the Lie: Essays on Orwell y, próximamente, de Policing the Progressive City: Portland, Oregon, from Settlement to Uprising, ambos publicados por AK Press.

Kristian Williams is the author of Between the Bullet and the Lie: Essays on Orwell and the forthcoming Policing the Progressive City: Portland, Oregon, from Settlement to Uprising (both from AK Press).

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