8M contra todas las violencias en Culiacán

“A mi mamá la asesinaron el 9 de septiembre de 2020, fue un feminicidio, pues fue su expareja”, dijo Nancy Lozoya. “Pero igual sigo marchando por ella porque esto representa a todas las que también han asesinado”. Culiacán, Sinaloa, 8 de marzo de 2026 © Dawn Marie Paley.

Reportaje • Dawn Marie Paley • March 12, 2026 • Read in English

Durante el último año y medio, Culiacán se ha convertido en sinónimo de algunos de los episodios de violencia más intensos que se han vivido en México. En este contexto, las manifestaciones del 8 de marzo han ido creciendo año con año.

“Siempre éramos las mismas 10 personas el 8 de marzo, vestidas de morado y con una cartulina que decía ‘no más violencia a las mujeres’; por muchos años fue así”, dijo América Armenta, periodista de investigación que en años anteriores ha ayudado a organizar la marcha en la ciudad. “Yo creo que el primer año que hicimos una gran marcha fue en el 2020“.

El último episodio de la guerra, conocido coloquialmente como el tercer Culiacanazo, comenzó con la quema de vehículos y tiroteos en diferentes partes de esta ciudad del norte de México, que también es la capital del estado de Sinaloa, el 9 de septiembre de 2024. La violencia originó entre facciones opuestas de una organización de tráfico de drogas en el estado tras la aplicación de la estrategia de descabezamiento de los carteles, fue el suceso más dramático y sangriento de este tipo que habían vivido en años quienes residen ahí. 

Este rechazo a la violencia y la impunidad llevó a miles de personas a las calles de Culiacán el domingo 8 de marzo en el marco del Día Internacional de la Mujer. Las huellas del conflicto en la ciudad son dolorosas y recientes, y el resentimiento por la negación del conflicto por parte del gobierno se convirtió en ira en las calles.

Claudia Ibarra se unió a la marcha con lentes oscuros, cargando una pancarta con la foto de su hija adolescente, Daily Nohemi Arredondo Ibarra, desaparecida de su casa hace menos de un mes. “Estamos aquí en la marcha para levantar la voz y pedirle a quien se la haya llevado que me la regrese”, dijo Ibarra, conteniendo las lágrimas. Formó parte de un contingente de madres y familiares de desaparecidxs que participaron en la marcha este año.

Claudia Ibarra sostiene una lona con información sobre su hija, que desapareció en su domicilio hace menos de un mes. Culiacán, Sinaloa, 8 de marzo de 2026 © Dawn Marie Paley.

El año pasado hubo 1.656 homicidios dolosos y 73 feminicidios en el estado de Sinaloa, una cifra récord. La mayoría de los asesinatos ocurrieron en Culiacán, la ciudad más grande del estado. Entre las personas asesinadas el año pasado había al menos 90 niñxs. Hay más de 7.000 personas desaparecidas en Sinaloa, cifra que ha aumentado en miles desde el Culiacanazo.

La hija de Rosalinda Cabanillas Guerrero, Vivian Aispuro, desapareció hace un año, en marzo. Encontraron su cuerpo poco más de dos semanas después. Cabanillas Guerrero marchó el domingo para exigir justicia para su hija.

“No ha habido un seguimiento real”, dijo. Afirma saber quién es responsable del asesinato y de quien teme que mate a más mujeres. “Es que el caso parece que en vez de avanzar va retrocediendo”.

Visibilizar la violencia contra las mujeres

El fin de semana previo al Día Internacional de la Mujer, la presidenta Claudia Sheinbaum visitó Sinaloa y dio una conferencia de prensa en una base militar. Fue recibida por dirigentes y simpatizantes del gobierno, y reafirmó la narrativa oficial de que la tasa de homicidios ha bajado y la tranquilidad ha regresado al estado.

Nombres de víctimas de feminicidio escritos en la espalda de una mujer en la marcha. Culiacán, Sinaloa, 8 de marzo de 2026 © Dawn Marie Paley.

“El gobierno declara que es un Sinaloa de paz, que es un Sinaloa tranquilo, cuando no es así”, dijo Selena, de 27 años, quien pidió que no utilizara su apellido. Tenía siete años cuando Felipe Calderón lanzó la guerra contra las drogas en diciembre de 2006, pero dice que las personas mayores con las que habla están convencidas de que la vida en Culiacán es aún más aterradora hoy en día. “No hay paz en Culiacán, ni en Mazatlán ni en Los Mochis”.

Le pregunté a Selena cómo afecta la violencia a su vida cotidiana. “La ciudad se está cayendo en pedazos, cada día por la violencia más empresas cierran y por ende hay menos trabajo, hay menos zonas donde podemos estar en los parques conviviendo, no podemos hacer nada porque vivimos encerrados”, dijo.

El miedo y el aumento de la precariedad económica eran temas comunes entre las mujeres con las que hablé en la ciudad. “Puede pasar una semana sin que pase absolutamente nada o que estén pasando [cosas] a las orillas de la ciudad y de la nada ahí van a estar aquí en el centro”, dijo Paola Shinagawa, artista y fotógrafa que forma parte de varios colectivos feministas de la ciudad.

Una organizadora de la marcha lleva una gorra con el lema “Make Israel Palestina Again” (Que Israel vuelva a ser Palestina). Culiacán, Sinaloa, 8 de marzo de 2026 © Dawn Marie Paley.

Recientemente, Shinagawa se mudó a la ciudad costera de Mazatlán para intentar poner en marcha su negocio de tatuajes, ya que dice que en la capital no hay dinero para el arte.

“Estamos viviendo un terror del no saber cuándo va a pasar algo y aparte está el no saber [qué va a pasar] económicamente, tengo amigas que están en su trabajo bien y de la nada pues la empresa quebró”, dijo. “El gobierno no hace nada, solamente dice, ‘no pasa nada, no pasa nada’”.

Guerra es patriarcado, en Gaza o México

Retratos de Javier Milei, Benjamín Netanyahu y Donald Trump flotaban sobre la marcha junto a las palabras “ellos son el patriarcado” pintadas en rojo. La artista visual Desirée Pando creó el cartel para denunciar a los hombres responsables de sumir al planeta en la guerra.

“Actualmente están pasando tantas cosas a nivel internacional que de alguna manera se terminan replicando en nuestra comunidad aquí en Culiacán, en Sinaloa”, dijo Pando. “Por todos lados veo casos que son un escándalo a nivel internacional y no pasa absolutamente nada”. 

Desiree Pando sostiene un cartel que dice “Ellos son el patriarcado”. Culiacán, Sinaloa, 8 de marzo de 2026 © Dawn Marie Paley.

Pando, de 24 años, me contó que se politizó mientras trabajaba en una librería feminista llamada Sra. Dalloway, en el centro de la ciudad. Comparó la impunidad de los líderes mundiales que cometen crímenes de guerra con la de quienes cometen homicidios y desapariciones en Sinaloa. “Hay una frase que me ha resonado mucho a mí últimamente, que es ‘lo que hicieron en Gaza lo pueden hacer en tu casa’”, dijo.

Más adelante en la marcha, conocí a Sonia Higuera Montaño, quien fundó Sra. Dalloway en 2020. El nombre de la librería rinde homenaje a la novela de Virginia Woolf publicada hace 101 años.

“En la academia, en toda la cultura, todo lo que nos enseñan es androcéntrico y también las escritoras han sido invisibilizadas”, dijo Higuera Montaño. 

Además de vender libros, Sra. Dalloway organiza talleres feministas y se ha convertido en un centro de organización. Le pregunté sobre la importancia del 8 de marzo en la ciudad. “Es maravilloso y es necesario. No estamos todavía donde tendríamos que estar”, dijo Higuera Montaño. “En Culiacán [las mujeres] vivimos con miedo”.

El grupo de arte feminista Culichis Organizadxs convocó a feministas a reunirse y coser letras en una sábana usada como parte de una manta bordada colectivamente que decía “esta cama está vacía”.

Ari Zantiago y un contingente textil llevan la manta “Esta cama está vacía”. Culiacán, Sinaloa, 8 de marzo de 2026 © Dawn Marie Paley.

“Es como una metáfora que implica varias cosas, como las víctimas de feminicidio, las víctimas de la desaparición forzada. Incluso las mujeres que brindan cuidados y que no pueden darse el lujo de descansar”, dijo Ari Zantiago, artista textil que promovió la creación de la manta.

La convocatoria pública para elaborar las letras recibió creaciones de mujeres que enviaron sus diseños por correo desde lugares tan lejanos como Guadalajara y la Ciudad de México.

Contra el estigma y la complicidad estatal

La marcha comenzó a las 10 de la mañana en el Ayuntamiento, donde un grupo de jóvenes activistas recolectó toallas sanitarias, tampones y otros productos de higiene personal para donarlos.

“Tratamos de donar a espacios de vulnerabilidad, mujeres en centros de rehabilitación y comunidades que están en una situación complicada, como lo es el desplazamiento forzado”, dijo Andrea, quien pidió que no utilizara su apellido. Ella forma parte del Colectivo MenstruArte, que busca apoyar a quienes no pueden costearse productos para la menstruación.

La marcha fue encabezada por grupos de niñxs y personas con discapacidad, seguidxs por familiares de desaparecidxs y víctimas de feminicidio. Detrás marcharon colectivos y particulares, entre quienes se encontraban personas trans y no binarias. 

Era un domingo nublado y la temperatura era un poco más baja de lo habitual, lo que supuso una ventaja para lxs manifestantes, que iban preparadxs con paraguas y gorras. Los cánticos y consignas se hicieron eco de los de las manifestaciones en todo México y la región, y un pequeño grupo de mujeres lanzó bombas de pintura roja al ayuntamiento cuando la marcha partió.

La periodista Mariam Bon cubrió la marcha del Día Internacional de la Mujer. Culiacán, Sinaloa, 8 de marzo de 2026 © Dawn Marie Paley.

Al menos 3.000 personas se sumaron a la marcha, lo que convirtió a este 8 de marzo en una de las manifestaciones más grandes de la ciudad. Mariam Bon, periodista de El Sol de Culiacán, estaba transmitiendo en vivo desde la marcha. Le pregunté si había otras manifestaciones de este tamaño en la ciudad y me describió marchas similares que se realizan después de ciertos asesinatos, especialmente de niñxs. 

“Ha habido muchos como de que ‘ya estamos hartos, estamos cansados’”, dijo Bon. Me comentó que las marchas contra la violencia son especialmente importantes debido al estigma que existe en torno a Sinaloa. “Todos siempre sacan esa idea de que, ‘ah, es que los Culichis [habitantes de Culiacán] hicieron una marcha para el Chapo’, pero aquí puedes ver que no son todos, pues”.

La fotógrafa y activista Gaby Bunda vende sus productos en la plaza tras la marcha. Culiacán, Sinaloa, 8 de marzo de 2026 © Dawn Marie Paley.

La acción del 8 de marzo terminó en la plaza delante del Palacio de gobierno de Sinaloa. Algunas hablaron desde un escenario improvisado, leyendo una lista de mujeres y niñas asesinadas en la ciudad en los últimos años. Otras ingresaron al atrio, exigiendo justicia. Cabe destacar que hubo pocos daños materiales durante la marcha y que los edificios gubernamentales no fueron vallados ni protegidos como en otras ciudades del país.

Alrededor de la plaza había puestos donde mujeres podían vender calcomanías, mercancía y comida. “Es para impulsar el apoyo de las artistas de Sinaloa, en este caso pues de Culiacán”, dijo Gaby Bunda, que vendía sus fotografías y otras creaciones. “Es para mostrar también el trabajo de las artistas Culichis”.

Algunas de las mujeres quemaron sus carteles en un barril en la plaza, otras colocaron un ataúd morado contra un enorme mástil con las palabras “el estado no me cuida” pintadas con aerosol del mismo color en su base. A medida que avanzaba la tarde, las mujeres comenzaron a dispersarse, con un sabor distinto por sentirse seguras y visibles en una ciudad en guerra.

Dawn Marie Paley

Es periodista freelance desde hace casi dos décadas y ha escrito dos libros: Capitalismo Antidrogas: Una guerra contra el pueblo y Guerra neoliberal: Desaparición y búsqueda en el norte de México. Es editora responsable de Ojalá.

Next
Next

Elecciones e inseguridad generan tensión en Guatemala