El 8M en Buenos Aires entreteje dignidad y unidad
Comienza a caminar la columna que encabeza este 8M con representantes del movimiento transfeminista y familiares de femicidios. Sostienen una bandera que dice “Unir todas las luchas es la tarea”. 9 de marzo de 2026, Buenos Aires, Argentina. Foto © Susi Maresca.
Opinión • Susi Maresca • 13 de marzo, 2026 • Read in English
El movimiento transfeminista en Argentina tiene una herencia de lucha por nuestros derechos que nació en las calles hace más de un siglo. Queremos vivir y trabajar sin morir en el intento: un lazo que logramos visibilizar y sostener de generación en generación.
Esa tradición de organización se ve reflejada en la lucha de las mujeres indígenas, las anarquistas y sufragistas, las Madres de Plaza de Mayo, en los Encuentros Plurinacionales, en el Ni Una Menos, en los reclamos de la comunidad LGBTIQNB+ y en la marea verde con la Educación Sexual Integral y el Aborto Legal, Seguro y Gratuito.
Este Día Internacional de la Mujer nos encontró exhaustxs y cansadxs. Se viven momentos difíciles, atravesados por la agenda del despotismo financiero y represivo del gobierno de Javier Milei. Un gobierno que impulsa medidas económicas, políticas e ideológicas que afectan a la población en general y especialmente a lxs trabajadorxs de los sectores formal e informal.
En ese contexto de crisis, se decidió, mediante varias asambleas abiertas y acaloradas, que la jornada central del domingo 8 de marzo pasara al lunes 9 con una huelga general que garantizara mayor participación y visibilidad a los reclamos frente al gobierno de Milei.
De la amplia gama de amenazas profundas surgió la consigna principal del Día Internacional de la Mujer este año: “unir las luchas para derrotar las reformas esclavistas de Milei, el Fondo Monetario Internacional y sus cómplices”.
Una mujer en Plaza de Mayo lleva una playera que dice “Vamos con las putas, nunca con la yuta” en el paro del 8M. 9 de marzo de 2026, Buenos Aires, Argentina. Foto © Susi Maresca.
Fomentar la soberanía alimentaria
En la mañana del 9 de marzo, la cooperativa de Mujeres de la Tierra comenzó la jornada de lucha con un verdurazo, una acción solidaria que realizaron pequeñas productoras agrícolas regalando toneladas de verduras para visibilizar sus reclamos.
“A veces la gente piensa que sacar una jaula de lechuga es mágico, pero eso lleva un mes o dos de trabajo, dependiendo de la época del año”, dijo Carolina Rodríguez, madre de seis hijxs. Rodríguez es productora del cordón hortícola de La Plata, en la provincia de Buenos Aires, y referente de la cooperativa.
Repartieron maíz cocido a quienes esperaban en una larga fila en la Plaza Constitución, al sur de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Para muchxs fue, posiblemente, su único plato de comida del día. Berenjenas, zapallitos, acelga, tomate, espinaca, lechuga fueron algunas de las verduras que entregaron en un bolsón agroecológico gratuitamente a quienes se acercaron.
“Creemos que es muy importante que la gente sepa quiénes somos las que producimos y en qué condiciones estamos hoy trabajando", dijo Rodríguez. “Muchas compañeras que antes podían alquilar la tierra hoy son empleadas de terratenientes y cada vez las explotan más”.
Debido al aumento de costos y a la expansión de las inmobiliarias en pos de construir barrios cerrados en el cordón hortícola, explicó Rodríguez, muchas campesinas tuvieron que dejar sus quintas para trabajar como empleadas domésticas en esos mismos barrios.
“A través de la cooperativa estamos acompañando a muchas mujeres campesinas que sufren esta violencia económica y junto con Ni Una Menos articulamos para vender bolsones agroecológicos y poder ayudarlas”, dijo Rodríguez.
Performance del colectivo Fin de Un Mundo sobre Avenida de Mayo en el paro del 8M. 9 de marzo de 2026, Buenos Aires, Argentina. Foto © Susi Maresca.
Uniendo luchas, ganando fuerzas
Eran las cuatro de la tarde. En el Congreso de la Nación la gente comenzaba a llegar para la marcha principal. Había un grupo de jubiladxs con sus carteles en mano que, como siempre, estaban presentes de cuerpo y alma.
Una bandera llena de nombres de mujeres asesinadas rodeaba las rejas de la plaza. Allí se encontraban madres y familiares denunciando los femicidios.
“En cada una de estas familias nos faltan ellas”, dijo Eva Domínguez, familiar de Vanesa Soledad Celma, quien en el 2010 fue prendida fuego por su pareja. Domínguez viajó desde Rosario para estar presente junto a otras decenas de familiares. “Este femicidio llegó a la Corte Interamericana y hoy los hijos de Vanesa fueron reconocidos como huérfanos por femicidio, pero no es lo que pasa en la mayoría de los asesinatos”.
Sobre Avenida de Mayo apareció con su whipala Kantuta Killa, guía espiritual y sanadora del pueblo quechua. Junto a distintas personas de otras comunidades indígenas, participaron de la jornada para reclamar sobre sus cuerpos-territorios. “Las mujeres somos Pachamama y nuestro territorio está siendo saqueado y vejado por el poder colonial y patriarcal que sigue oprimiendo nuestra cultura”, dijo Killa. “Estamos acá para recordarle a este gobierno nuestra fuerza”.
“Ni la tierra ni las mujeres somos territorio de conquista”, decía un cartel que sostenía una niña pequeña. Elena, de 10 años, estaba con su abuela y su mamá. Quiso ser fotografiada como si fuera un camino a la inmortalidad de ese instante. Fueron muchas las niñeces presentes.
La gente llegaba de a cientos. Según las organizadoras, casi un millón de personas se movilizaron en todo el país.
Una integrante del colectivo Guardianas Floreceremos sahúma el inicio de los tambores en el paro por el 8M sobre Avenida de Mayo. 9 de marzo de 2026, Buenos Aires, Argentina. Foto © Susi Maresca.
Un Estado que sólo está presente para reprimir
En la cabecera de la marcha que avanzaba por la Avenida de Mayo estaba Maricela Escalante, trabajadora del comedor comunitario Gustavo Cortiñas en la Villa 31 (también conocido como Barrio Padre Mugica), histórico asentamiento informal de cerca de 40.000 habitantes, situado en el corazón de Retiro, Buenos Aires.
“Nosotras hacemos 250 raciones diarias de comida que entregamos a las personas del barrio que piden un plato de comida ante esta situación económica cada vez más crítica”, dijo Escalante en entrevista con Ojalá. “Somos conscientes de la dejadez y el olvido del Estado, que tendría que reconocer nuestras jornadas de más de ocho horas porque, además, hacemos una triple jornada —en el hogar, en el mercado laboral y en la comunidad— y eso nadie lo reconoce. El Estado sólo está presente para reprimir a las familias más pobres”.
“Llegamos hasta acá en un proceso de movilización, pero al mismo tiempo en una crisis económica que está impidiendo la participación política de muchas compañeras que venían acompañando desde cerca del proceso de organización transfeminista” dijo Luci Cavallero, socióloga feminista e integrante del colectivo Ni Una Menos. “Esto está vinculado al pluriempleo, al endeudamiento, a la imposibilidad de encontrar tiempo para la participación y para la reflexión”.
Para Cavallero, eso se inscribe en un proyecto sistemático del gobierno para sacar a la gente de la militancia y la organización. El mismo 8 de marzo, desde presidencia se difundió un video por redes sociales que atacaba directamente a los transfeminismos, otro ejemplo de su historial de desprestigiar y desfinanciar políticas públicas de género.
Integrantes de la Campaña por el Aborto Legal, Seguro y Gratuito cantan en el paro del 8M con una bandera que reclama “Educación Sexual para decidir, anticonceptivos para no abortar, aborto legal para no morir”. 9 de marzo de 2026, Buenos Aires, Argentina. Foto © Susi Maresca.
Entre las medidas recientes cuestionadas por el movimiento transfeminista se encuentran la muy controvertida Reforma laboral y el nuevo Régimen Penal Juvenil (ley 27.801), que bajó la edad de imputabilidad de 16 a 14 años. Además, en las próximas semanas habrá una audiencia pública para tratar una reforma que relajaríalas protecciones establecidas por la ley de Glaciares, lo que podría afectar a las fuentes de agua dulce en todo el país.
A esto se suman la ampliación de las facultades de la Secretaría de Inteligencia de Estado (SIDE), la persecución de personas migrantes a través del decreto 366/2025 y la aplicación del Régimen de Incentivos para las Grandes Inversiones que permite el avance de los extractivismos sacrificando comunidades enteras.
Frente al odio, organización
Micaela Josefina Pérez es una activista travesti y sostuvo la bandera junto a otras compañeras que exigían la reparación histórica del colectivo travesti-trans.
“Sostenemos esta bandera como legado por las asesinadas y las que ya no están, pedimos que se respete el cupo laboral travesti trans que se cumpla en su totalidad”, dijo. “Y le decimos no a la exclusión, la exclusión no es un sistema de vida para este colectivo, es una estrategia del estado que debemos desmontar como país democrático”.
Una persona joven sostiene un cartel que dice “Sean eternos los derechos que supimos conseguir” en el paro del 8M, aludiendo al himno nacional. 9 de marzo de 2026, Buenos Aires, Argentina. Foto © Susi Maresca.
Al llegar a Plaza de Mayo, la multitud escuchó la lectura de un documento de 21 páginas, firmado por más de 700 organizaciones. “Frente al odio, más organización; frente al saqueo, más solidaridad; frente a la crueldad, más comunidad”, concluyó. “Somos quienes sostenemos la vida y también quienes podemos transformarla. Hasta que la dignidad se haga costumbre, seguiremos en las calles”.
Cuando hacemos política en la calle, siempre incomodamos al poder: le sacamos su valor al servicio del sistema capitalista para ponerlo en favor de lo común. Ocupar nuestros cuerpos en los abrazos, en las asambleas, en las discusiones y reclamos, en la escucha pública, mueve la subjetividad de la incertidumbre.
Mueve nuestra tristeza y reconfigura nuestra trama recordándonos algo que ya sabíamos: el lugar fundamental está en las narrativas colectivas, esas que fascistas quieren exterminar.
Nuestra narrativa se llama transfeminismo plurinacional y este 8M estuvo a la altura de las circunstancias.

