Cuba resiste ante una crisis que se agrava

Los cortes eléctricos superan las seis u ocho horas, vista del atardecer desde El Vedado, Cuba, el 5 de febrero de 2026. Foto © María Lucía Expósito.

Reportaje • Lisbeth Moya González • 13 de febrero, 2026 • Read in English

“En un país donde el salario no se corresponde con el precio de la vida, la subsistencia es un reto”, explica Leonardo Romero, un joven de veinticinco años que vive en la Habana Vieja. “El transporte es lo que más nos afecta en la vida diaria. Las calles están vacías. He optado por ir en bicicleta a todas partes”.

Hoy Cuba enfrenta su primer mes sin petróleo extranjero, por lo que el gobierno ha decidido priorizar el combustible para servicios esenciales como la salud y la industria, generar electricidad con crudo nacional y energías renovables, autorizar la venta de paneles solares a personas y empresas privadas, reducir al mínimo el transporte público y controlar los precios del transporte privado.

La infraestructura eléctrica de la isla se basa en la quema de combustibles y Cuba no cuenta con la tecnología de refinamiento de su crudo pesado, ni con el petróleo suficiente para abastecerse. 

Durante el 2024 los cortes eléctricos en la isla fueron desde cinco hasta 48 horas, pero la falta de combustibles va más allá de la generación eléctrica. El gobierno detuvo la recogida de basura hace un año, agravando la propagación de enfermedades como el dengue, el zika o el chikungunya. También se paralizó la mayoría del transporte público. 

Dentro de las medidas más recientes destaca la suspensión de los vuelos nacionales e internacionales por la falta de combustible para la aviación. Teniendo en cuenta que el turismo es una de las principales fuentes de ingreso del país, esto afectará drásticamente a la economía cubana. 

En el ámbito social, la educación básica continúa con horarios flexibles y las universidades pasarán a modalidad semipresencial, al igual que muchos trabajadores estatales. Parte de la fuerza laboral será reubicada en servicios básicos y producción de alimentos. 

La agricultura será protegida y promovida también en zonas urbanas, mientras que las actividades culturales y deportivas se limitarán a iniciativas comunitarias.

Los cuidados, amenazados

Maydelis Borrego vive en la provincia de Pinar del Río, es madre de dos hijos, estudiante universitaria y escritora. Fuera de La Habana los apagones llegan a ser de más de un día de duración, pero Borrego, como muchos otros cubanos que tienen familia fuera de la isla, logró adquirir una estación de energía recargable o “EcoFlow”, que le ha ayudado a sostenerse en la crisis energética. 

“La gente tiene el cansancio marcado. Los vecinos resuelven como pueden, se apoyan en familiares que han emigrado o buscan trabajos informales”, dijo Borrego a Ojalá. “Las madres cubanas tenemos que hacer lo que toca un día a la vez”.

Para el gobierno adquirir petróleo es una odisea por las sanciones norteamericanas que han pesado históricamente sobre él, pero con el cese de envíos de petróleo venezolano por el ataque estadounidense a ese país las condiciones de vida han empeorado. 

Donald Trump firmó el 29 de enero pasado un decreto que castiga con aranceles extraordinarios a los países que hagan envíos a la isla. Las exigencias de Trump incluyen la negociación bajo sus términos de la forma de gobierno en Cuba. Las nuevas sanciones han llevado a la isla, con una economía ya muy deteriorada, a una situación de “opción cero”, una estrategia de supervivencia extrema similar a la aplicada en los años noventa tras la caída de la Unión Soviética. 

México apuntala sus esfuerzos para encontrar una forma de enviar petróleo a Cuba bajo las amenazas de sanciones de EE.UU. La presidenta Sheinbaum declaró que también enviará más de 814 toneladas de víveres como un símbolo de “solidaridad y ayuda humanitaria”. 

Roberto Puente es un doctor cubano que subsiste con dos trabajos. “Los servicios médicos se han reducido de manera drástica”, comentó en entrevista con Ojalá. “Desde la imposibilidad de operar o atender debidamente a muchas personas por la falta de insumos, hasta el que puedan asistir a consulta para darles seguimiento se ve afectado”. 

El Ministerio de Salud Pública cubano anunció la reducción del personal presencial en hospitales y policlínicos y la conformación de brigadas médicas municipales para sostener la atención sanitaria. El ministro José Ángel Portal Miranda explicó a la televisión cubana que la medida busca disminuir la movilidad del personal y el consumo eléctrico en las instituciones de salud, sin afectar los servicios esenciales. 

Mi madre me visitó en Quito a finales de 2025. Trajo consigo el amor y el olor de la cocina cubana, pero también el desgarramiento y las malas noticias.  

Verla fue doloroso y no solo por el reencuentro de dos personas que se aman en la distancia, sino por darme cuenta de cómo el chikungunya había hecho estragos en ella. Esta enfermedad se caracteriza por una fiebre alta repentina y dolor intenso en las articulaciones. Me dijo que en Cuba la gente parece zombi, porque las enfermedades les dejan secuelas graves que afectan al caminar.

Contó que en carretones tirados por caballos o triciclos eléctricos llevan a los muertos al cementerio y que la gente cocina con carbón porque no hay gas. Todo esto me contó mi madre, a mí y a cada persona que conocía. Hablar de Cuba duele, pero es necesario. 

Filas en los bancos mientras varias personas acuden a extraer efectivo, dada la poca disponibilidad de cajeros electrónicos en funcionamiento en Vedado, La Habana, el 10 de febrero, 2026 . Foto © María Lucía Expósito.

Y la represión sigue

 “Hace unos años en Cuba se podía caminar sin miedo y ahora mismo la violencia es palpable", dice José Julián Valiño, un joven historiador habanero. “Es mucha presión psicológica: la ciudad llena de basura se derrumba y se ven niños pidiendo dinero en las calles. Me preocupa también que el gobierno no parece querer dialogar con la sociedad civil”. 

El Observatorio Cubano de Derechos Humanos denunció que durante el mes de enero hubo, al menos, 390 acciones represivas del gobierno contra la población civil en Cuba. Entre estas cifras, destaca la detención de los fundadores del 4atico —un proyecto audiovisual en redes sociales cuyo contenido es crítico con las autoridades cubanas—, quienes permanecen en prisión sin una sentencia pública. 

En medio de la agresión política norteamericana, el gobierno cubano ha optado por neutralizar a la oposición dentro de la isla. La violencia en Cuba tiene muchos rostros y la persecusión política es uno de ellos. 

Pero Cuba sufre hoy una agresión mayor: las sanciones norteamericanas. Son las personas racializadas, las de barrios marginalizados o zonas rurales, los ancianos, entre otros sectores desprotegidos, los que más sufren las consecuencias.  

Destellos de solidaridad

Desde la ciudad de Santa Clara recibí una llamada de Ramón Silverio, el promotor cultural y fundador de El Mejunje, un centro cultural y comunitario que desde los años noventa se convirtió en espacio seguro para los artistas independientes y las diversidades. Silverio me habla de Cuba con optimismo. “Hemos vivido luchando”, dijo. “Esta vez no va a ser la excepción”. 

El Mejunje convoca a una cruzada artística para ayudar a las personas más vulnerables. Invita a artistas, intelectuales y a cubanos dentro o fuera de la isla a sumarse o aportar económicamente a la brigada Teresita Fernández para llevar arte y ayuda solidaria a los sectores más empobrecidos. “Aunque sea un poco de sopa que les llevemos va a hacer la diferencia”, dijo Silverio. 

Desde La Habana, el periodista y activista LGBTIQ+, Maikel Gonzalez Vivero, también busca ayudar. Quiere organizar desayunos solidarios para adultes mayores y estaba haciendo cuentas mientras hablaba con Ojalá

“Con cinco dólares se puede dar un vaso de leche a más de 30 ancianos o niños. Un vaso de café con leche, un pan con huevo y una galleta dulce”, me dijo. “Eso cuesta alrededor de 50 centavos de dólar por persona. Es decir,  con 50 dólares podrían darse 100 desayunos”. 

Todes mis entrevistades coinciden en que les cubanes siguen viviendo y buscando salidas. No se trata de romantizar el dolor, sino de mirar lo que un pueblo profundamente humanista es capaz de hacer por construir un futuro para los suyos. 

Detrás de los apagones, las sanciones, la política interna y externa también hay redes, afectos, gente que resiste. 

¿Qué podemos hacer por Cuba ahora mismo? 

Cuidar la vida donde el Estado no llega. Defender la dignidad en medio del cansancio. No es optimismo vacío: es la certeza de que mientras haya solidaridad, el pueblo cubano no estará completamente a oscuras.

Lisbeth Moya González

Lisbeth Moya González es periodista cubana, colaboradora de las revistas Tremenda Nota y La Joven Cuba, y miembro del colectivo Socialistas en Lucha. Cursa actualmente un Máster en Sociología en FLACSO Ecuador.

Lisbeth Moya González is a Cuban journalist who has written for Tremenda Nota and Young Cuba Magazine, and a member of the Socialists in Struggle collective. She is currently enrolled in a Masters of Sociology in FLACSO Ecuador.

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