La ‘última milla’ del progresismo en México

Un profesor de la Coordinadora Estatal de Trabajadores de la Educación de Guerrero atacado con gas lacrimógeno durante protesta a las afueras de la Secretaría de Educación Pública  en Coyoacán, Ciudad de México, el 3 de junio, 2026. Foto © Norberto Soto Sánchez.

Opinión • Norberto Soto Sánchez • 10 de julio, 2026 • Read in English

Es la inauguración del Mundial de Futbol 2026 en la Ciudad de México, el 11 de junio. Alrededor de 50 mil docentes de educación básica se disponen a marchar. 

Lxs acompañamos decenas de organizaciones más. Luchamos por el reconocimiento de derechos y justicia laboral, familias que buscan a las más de 135 mil víctimas de desaparición en México y personas de muchas otras causas.

De manera implícita nos unió un objetivo general: aprovechar la competencia deportiva para visibilizar ante el mundo diferentes injusticias que persisten en el país. En México, la presidenta Claudia Sheinbaum, que se dice progresista, se niega a cumplir muchas de las promesas que hizo y que la llevaron a ganar la elección de 2024.

Ese día, avanzamos alrededor de las 10 de la mañana desde la estación del metro Taxqueña rumbo al Estadio Azteca, donde en unas horas estaba por disputarse el primer partido: México contra Sudáfrica. 

No logramos llegar al destino planeado.

Dos camiones del Agrupamiento a Caballo de la Policía Montada de la Ciudad de México junto con vallas de concreto y un cordón de trabajadores precarizadxs de distintas secretarías del gobierno capitalino que fueron obligadxs a movilizarse so pena de ser despedidxs nos obstruyeron el paso alrededor de una hora después de haber salido.

“Esta es la última milla”,  dijeron funcionarixs gubernamentales. 

Mientras tanto, en la puerta 8 del estadio, estudiantes, activistas contra la gentrificación e integrantes del bloque negro fueron brutalmente reprimidxs por la Policía Montada.

La noche anterior, el 10 de junio, acompañamos otra gran marcha encabezada por las familias buscadoras. El trayecto era el mismo. 

Esa manifestación fue bloqueada por una barrera humana de trabajadores gubernamentales dirigidxs por el secretario de Gobierno de la Ciudad de México, César Cravioto. 

Los gobiernos de la capital del país y de la república, ambos del partido Movimiento de Regeneración Nacional ─que se reivindica como de centroizquierda— planearon un dispositivo securitario policiaco y militar con casi 100 mil elementos coercitivos al que llamaron Plan Kukulkán

En ninguna circunstancia el partido inaugural de la copa podría verse empañado por protestas contra el gobierno del supuesto humanismo mexicano.

Desprestigio como escudo 

Al tiempo que se reprimían las manifestaciones, se implementó una campaña de estigmatización e incluso criminalización dirigida sobre todo contra trabajadores de la educación en lucha, estudiantes normalistas —entre quienes destacan los de Ayotzinapa— y familias buscadoras.

La presidenta lxs acusó de actuar como “la ultraderecha”, mientras que la secretaria de Gobernación federal, Rosa Icela Rodríguez, amenazó a las familias buscadoras con una investigación policial. 

Rodríguez es titular de la secretaría que históricamente se ha encargado de las labores de espionaje político, creación de montajes, inteligencia y contrainteligencia. Afirmó que el gobierno tenía información de que lxs manifestantes presuntamente habían recibido financiamiento para movilizarse a la Ciudad. 

Cualquier protesta fue considerada de derechas y vista con suspicacia, como si fuera impulsada por oscuros intereses ajenos a sus exigencias legítimas. 

De acuerdo con dicha lógica, ser de izquierda sería apoyar a dar una buena imagen del país durante el torneo sin importar que ello significase callar frente a las calamidades que impone el capital financiero y la guerra en el país.

El mundo al revés.

La policía de la Ciudad de México bloquea el paso a familias buscadoras de víctimas de desaparición forzada y contingentes solidarios de maestrxs de la CNTE en inmediaciones del acceso al Estadio Azteca el 10 de junio, 2026.  Foto © Norberto Soto Sánchez.

Maestrxs en huelga

Para el día de la inauguración, lxs maestrxs, provenientes prácticamente de todas las entidades de México, llevaban más de 10 días en un campamento en las calles del centro histórico de la capital del país. Primero llegaron desde los estados de Oaxaca, Guerrero, Chiapas y Zacatecas, donde la adhesión al paro fue total, mientras que en otros el paro laboral fue parcial. 

Tanto al campamento como a las protestas nos unimos cientos de trabajadores estatales. Soy trabajador administrativo de la Secretaría de Educación Pública (SEP), al cual ni siquiera se le reconoce relación laboral y, por lo tanto, ningún derecho formal. 

Trabajamos bajo un esquema de simulación contractual llamado “honorarios profesionales” que facilita al gobierno realizar despidos injustificados y niega seguridad social y prestaciones. Aunque muchxs trabajadores no pudimos impulsar el paro de labores en nuestros centros de trabajo por falta de organización, pernoctamos y marchamos hombro a hombro con lxs maestrxs.

La huelga de maestrxs, que duró hasta el 20 de junio, se llevó a cabo por varios objetivos. Entre los principales están la abrogación de dos leyes: la reforma educativa del 2013 y la ley del Issste del 2007. 

Entre los elementos más dañinos de la reforma educativa están la obligatoriedad de los procesos de evaluación para el ingreso, la promoción y el reconocimiento de lxs docentes, que, en la práctica, se rigen por criterios administrativos discrecionales.

A esto se suma la cada vez más aguda superexplotación del trabajo docente, es decir, una intensificación creciente de la jornada laboral, que llega a exceder los límites del horario y que, por lo tanto, no es reconocida y mucho menos pagada. 

La preservación de ambas leyes constituye lo que investigadores han llamado la “continuidad neoliberal” de los gobiernos de la autoproclamada Cuarta Transformación que inició en 2018 con la llegada de Andrés Manuel López Obrador a la presidencia.

La organización magisterial que se puso al frente de este ciclo de protestas durante el Mundial es la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE). 

Fundada en septiembre de 1979, la CNTE es la facción disidente y democrática del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE) fundado en diciembre de 1943. 

En un inicio el SNTE defendió los derechos de sus agremiadxs, pero con el paso del tiempo fue conformando cacicazgos educativos y sus dirigencias se subordinaron a la patronal (la SEP, es decir, el gobierno federal).

La CNTE es una organización que ha defendido una educación al servicio de sectores populares y comunidades indígenas. Muchxs de lxs maestrxs que ha integrado sus filas han sido asesinadxs en distintos hechos represivos a lo largo de su historia.

Maestrxs de la CNTE, colectivos en lucha contra la gentrificación, animalistas y familias buscadoras son bloqueadxs por camiones de la Policía Montada de la Ciudad de México en la Calzada de Tlalpan el 11 de junio, 2026.  Foto © Norberto Soto Sánchez.

El laberinto que destruye las pensiones 

El magisterio mexicano está adscrito al Instituto de Seguridad y Servicios Sociales de los Trabajadores del Estado (Issste), y sus jubilaciones y pensiones están reglamentadas por la ley del Issste.

En 2007, el gobierno derechista de Felipe Calderón Hinojosa propuso una reforma a la ley del Issste que estableció un régimen de pensiones por “cuentas individuales”.

Eso configuró un modelo bajo el cual la pensión de docentes depende de los ahorros que logren acumular en su cuenta de Ahorro para el Fondo de Retiro (AFORE), siempre y cuando cumplan 28 años de servicio, en el caso de las mujeres, y 30 años en el caso de los hombres, entre otros criterios

El principal problema con este sistema de pensiones es que no asegura una jubilación digna. Cuando unx maestrx logra jubilarse, obtiene una pensión 70 por ciento menor a la de su salario original, ya de por sí raquítico. Al mismo tiempo, los bancos obtienen ganancias millonarias con la administración de esos recursos.

El problema es tan grave, y la Ley Issste 2007 tan injusta, que tanto López Obrador como Sheinbaum prometieron su abrogación. Sheinbaum incluso incluyó su cancelación en la primera versión de sus 100 compromisos para la transformación.

Por ello, una de las consignas principales que coreaban lxs maestrxs de la CNTE en las protestas del Mundial fue: “Claudia, mentiste, con la reforma a la ley del Issste”.

Decenas de miles de maestrxs de la CNTE avanzan por Calzada de Tlalpan rumbo al Estadio Azteca para protestar a unas horas de la inauguración del Mundial de Fútbol de 2026 en la Ciudad de México el 11 de junio, 2026. Foto © Norberto Soto Sánchez

Qué nos deja el mundial

En estas jornadas de lucha no se logró la abrogación de las leyes en cuestión. Tampoco se logró arrancar un compromiso concreto por la verdad, la justicia y la presentación con vida de más de 130 mil víctimas de desaparición. 

Pero lo que sí se logró fue visibilizar los límites y la hipocresía de los gobiernos de la Cuarta Transformación, que se doblegan ante el gran capital financiero y promueven la impunidad.

El 28 de junio, en el marco del Día Internacional del Orgullo LGBTQIA+  y luego de un receso táctico, algunos colectivos que participaron de las protestas se sumaron a una contramarcha del orgullo anticapitalista. Esta vez, unían demandas frente a la marcha del orgullo organizada por el gobierno junto a marcas comerciales.

Por parte de las organizaciones de búsqueda, en cada uno de los partidos de la selección mexicana se siguieron realizando acciones y retas futboleras por verdad, justicia y presentación con vida. 

El pasado 5 de julio, cuando México fue eliminado por Inglaterra, no fue la excepción. El fin de la “fiesta mundialista” en las tribunas vacías del Azteca dejó al descubierto que los partidos son incapaces de mitigar el estado de emergencia humanitaria que vivimos, incluso para quienes somos aficionadxs del futbol.

Ninguna efervescencia de los fan fest de la FIFA podría sepultar el grito que las familias dieron ese día en Reforma: “México es campeón en desaparición”.

Norberto Soto Sánchez

Maestro en educación por la Universidad Autónoma de Sinaloa, doctor en Política de procesos socioeducativos por la Universidad Pedagógica Nacional, Ajusco. Investiga sobre violencia política en educación.

Norberto Soto Sánchez has a master’s degree in education from the Autonomous University of Sinaloa and a Ph.D. in the politics of socio-educational processes from the National Pedagogical University in Ajusco. His research focuses on political violence in education.

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