Parteras por la autonomía reproductiva en Chiapas

Ilustración original para Ojalá por @pazconadie.

Reportaje • Isàlia McIntyre • 13 de agosto, 2026 • Read in English

Las parteras tradicionales han desempeñado siempre un papel fundamental en las comunidades indígenas. En las regiones remotas de Chiapas, México, son un apoyo vital.

“Nosotras atendemos no sólo al cuerpo, sino la parte de las emociones, espirituales, y todo lo que nos acobija la cosmovisión”, dijo Ofelia Pérez, una partera tsotsil de Chenalhó, en una entrevista con Ojalá.

Esa atención se encuentra en tensión con un sistema de salud que, históricamente, ha menospreciado, socavado y, en ocasiones, prohibido la partería tradicional. Al mismo tiempo, la institucionalización progresiva amenaza con disolver sus prácticas mediante los mismos mecanismos supuestamente destinados a legitimarlas.

Todas estas tensiones se producen en Chiapas, donde grandes desigualdades debidas a la geografía, la pobreza y el racismo, dan lugar a una de las tasas más altas de mortalidad materna en México. La discriminación agrava el riesgo para las mujeres indígenas embarazadas, quienes tienen cinco veces más probabilidades de morir durante el parto que otras mujeres en el estado, y la erosión de la partería tradicional exacerba su vulnerabilidad.

Ante esta realidad, en 2014 se creó el Movimiento de Parteras de Chiapas Nich Ixim, que significa “flor de maíz”. Su lucha abarca múltiples frentes contra la violencia obstétrica, el sistema de salud hegemónico y las desigualdades que impulsan la mortalidad materna. Es, al mismo tiempo, una lucha por defender la partería tradicional como baluarte de la salud materna y la autonomía.

Pilares de la salud materna

Las parteras tradicionales atienden más del 90 por ciento de los embarazos y partos en algunas de las regiones más remotas de Chiapas, por lo general en los hogares de las familias, tanto por razones logísticas como culturales. Muchas comunidades se encuentran a horas de viaje por sinuosos caminos de montaña del hospital más cercano, y el transporte es costoso. Chiapas es el estado más pobre de México y también tiene una de las poblaciones indígenas más grandes del país. Las parteras tradicionales suelen estar muy integradas en la vida social y espiritual de estas comunidades.

Desde la creación de Nich Ixim, más de 600 parteras de 45 municipios se han unido a este grupo intergeneracional e intercultural de cuidadoras.

“Todas las compañeras venimos de diferentes regiones”, dijo Rosa Hernández, portavoz de Nich Ixim y partera desde hace 51 años, en entrevista con Ojalá.

Señala a un grupo de sus compañeras parteras vestidas con tejidos de todo tipo, todos únicos según su origen. Otras llevaban sudaderas con capucha y camisetas estampadas. Nich Ixim se reunió en la ciudad de San Cristóbal de las Casas, en Chiapas, para marchar el 5 de mayo, Día Internacional de la Partera.

“Venimos de diferentes comunidades, y somos pilares de la salud materna en cada uno de ellas”, dijo Hernández.

Su papel fundamental en la salud materna implica brindar atención durante la gestación, el trabajo de parto y el parto y más allá. Ayudan a abordar problemas de fertilidad y dinámicas familiares, que de por sí pueden causar enfermedades o malestar. También tratan enfermedades infantiles como la mollera sumida, así como problemas digestivos o respiratorios, “con ese conocimiento que tenemos de manera ancestral. Nosotras no estudiamos en la escuela”, explicó Pérez, refiriéndose a los métodos curativos y los remedios a base de hierbas.

Aunque algunas parteras no saben leer, su conocimiento sobre los remedios a base de plantas es profundo, antiguo y muy específico según cada lugar. Mantenerlo vivo y vigente es otra faceta de la razón de ser de Nich Ixim.

“Creo que es muy importante que haya más jóvenes que quieran seguir estos conocimientos ancestrales”, dijo Pérez. “Las plantas medicinales, nosotros las utilizamos desde que existió la humanidad, que es desde que existió la partería. La medicina empezó ya después”.

Colaborar sin subordinar

Esto no significa que Nich Ixim se oponga a intervenciones obstétricas cuando son necesarias ni a tratamientos médicos, como los partos por cesárea. 

“Nuestro objetivo es de que no haya más muerte materna”, dijo Hernández, lo que implica identificar los casos que sí requieren atención obstétrica. “Nosotras las parteras conocemos hasta dónde sí tenemos nuestro límite para poder seguir atendiendo las mujeres, porque sí hay cosas que de plano tampoco lo podemos atender. Somos necesarias ambas partes”.

El desarrollo de sus propias habilidades es un principio fundamental de Nich Ixim, que organiza talleres de capacitación con médiques para que cuenten con más herramientas para manejar las complicaciones.

“Con la experiencia que traemos, hemos aprendido muchas cosas, y con las capacitaciones que nos han dado los médicos, también hemos aprendido mucho”, dijo Hernández. El tema no es si las parteras tradicionales deben colaborar con la salud pública, sino quién determina los términos de esa colaboración.

Nich Ixim rechaza categóricamente los planes de medicalizar su propia práctica. Pérez describió la certificación de parteras —mediante programas estatales que promueven la capacitación biomédica como criterio para el reconocimiento formal— como mecanismos “para que poco a poco se vaya eliminando la partería tradicional. Y justo eso es nuestra lucha, que no nos permitamos eso”.

Los programas de certificación no toman en cuenta la dimensión social y espiritual tan esencial para la partería tradicional. También representan un medio para centralizar el control, lo cual es antitético al sistema autónomo que Nich Ixim busca defender. Las pancartas en la marcha se hacían eco de estos sentimientos: “No al despojo de nuestros conocimientos”, decía una; “No a la subordinación”, decía otra.

Varias parteras en la marcha señalaron que, incluso cuando estos programas se ofrecen de manera gratuita, los costos de viaje pueden volverlos inaccesibles, sobre todo porque a menudo no trabajan por dinero, sino por otras formas de reciprocidad.

La oposición de Nich Ixim es también una cuestión de preservación cultural y de principios. “No dependemos de las instituciones de salud para poder reafirmar lo que nosotros sabemos hacer”, dijo Pérez.

Amenazas históricas y actuales

Las parteras tradicionales no siempre han sido bienvenidas en los hospitales, y la exclusión racista sigue siendo un obstáculo para la atención de salud en la actualidad. “El simple hecho de venir con nuestros trajes, traje típico de nuestro origen, [ha hecho que] a veces sí somos rechazadas, a veces no nos aceptan con nuestros pacientes”, dijo Hernández.

En casos extremos, pero no infrecuentes, se enfrentan a acoso y amenazas de encarcelamiento o multas, actitudes que reflejan décadas de demonización de las parteras tradicionales. De 67 parteras de 22 estados mexicanos, ocho de cada diez describieron su trabajo como peligroso.

Las salas de obstetricia también pueden ser lugares donde se produce daño: el 30 por ciento de todas las mexicanas que dan a luz en hospitales sufren violencia obstétrica —acoso verbal o maltrato físico durante el parto—, mientras el porcentaje es del tres por ciento entre quienes dan a luz con una partera. Los estudios relacionan los cuidados a cargo de parteras con menos intervenciones innecesarias durante el parto (incluidas la episiotomía, la inducción del parto y la cesárea no planificada), y menores tasas de partos prematuros y depresión posparto.

Años de trabajo de incidencia por parte de grupos como Nich Ixim han logrado aumentar las protecciones legales para las parteras tradicionales en todo México, especialmente con las reformas de 2024 a la Ley General de Salud de México. El artículo 389 bis, por ejemplo, autoriza a las parteras tradicionales a expedir actas de nacimiento. Sin embargo, persisten las incongruencias de facto.

“No nos aceptan nuestra constancia de alumbramiento directamente en el registro civil”, relató Pérez, lo que viola el derecho a la identidad de ambos recién nacidos.

Asimismo, los programas de certificación de parteras continúan a pesar del artículo 64 IV de la Ley General de Salud de México, según el cual las parteras tradicionales obtienen su legitimidad del reconocimiento de la comunidad.

Luchando por la autonomía

Nich Ixim mantiene un delicado equilibrio: exige protecciones institucionales para su sustento, al tiempo que se resiste firmemente a ser cooptado como una extensión subordinada o simbólica de la atención biomédica. Este es un desafío constante.

En mayo, la Secretaría de Salud estableció el Comité Nacional de Parteras con el objetivo declarado de fortalecer y coordinar la partería tradicional para ampliar la atención con perspectiva cultural. Está compuesto principalmente por representantes de instituciones de salud gubernamentales, lo que genera temores de un modelo centralizado y de arriba hacia abajo que podría absorber, regular y reformular la partería tradicional según los términos del estado y no los de los pueblos indígenas.

“El Comité Nacional de Parteras no me representa”, decía el cartel de una partera en la marcha del 5 de mayo.

Ante la indignación pública, una estructura revisada del Comité incluyó al Instituto Nacional de los Pueblos Indígenas y al Consejo Nacional de los Pueblos Indígenas para fortalecer la representación. Un comunicado posterior de Nich Ixim calificó a las partes del Comité de “instituciones de salud hegemónicas, patriarcales y colonizadoras”, totalmente alejadas de la realidad de los pueblos indígenas.

La controversia en torno a la creación del Comité ilustra una paradoja recurrente en la política de salud indígena: el reconocimiento legal puede, en ocasiones, convertirse en un mecanismo de control adicional cuando exige que los conocimientos indígenas se ajusten a la arquitectura institucional del estado.

Si bien las reformas de la Ley General de Salud de 2024 reconocieron a las parteras tradicionales como cuidadoras legítimas por derecho propio, el Comité propone un mecanismo centralizado para sistematizar la partería tradicional. En su comunicado, Nich Ixim acusa al Comité de violar sus derechos como pueblos indígenas “integrando nuestro sistema autónomo ancestral a un sistema occidental desvalorizando y tecnificando nuestros saberes, lo cual es una violación a nuestros derechos como pueblos originarios”.

Para las parteras de Nich Ixim, la suya es, en última instancia, una lucha anticolonial tanto por la autonomía como por la vida. Su logotipo —un feto gestándose en una mazorca de maíz— refleja una cosmovisión en la que los seres humanos y el territorio están fundamentalmente entrelazados, una relación que la colonización buscó romper, tratando a los cuerpos como territorios de conquista en sí mismos. La violencia obstétrica y el control reproductivo se encuentran entre las innumerables manifestaciones de esto.

“Se sienten los dueños de nuestro cuerpo, más que nada el dueño del cuerpo de todas las mujeres, entonces por eso estamos viendo que lo están apropiando nuestro cuerpo, nuestra autonomía”, dijo Pérez.

Aunque estas amenazas son antiguas y han ido cambiando con el tiempo, la partería tradicional es aún más antigua.

“Las parteras tradicionales somos las guardianas del nacimiento, del cuerpo-territorio, de la continuidad de la vida de nuestros pueblos”, afirmó el movimiento en un comunicado reciente. También están dispuestas a crecer, incorporando conocimientos médicos a su práctica ancestral para mejorar la salud materna.

“Nosotras estábamos antes de la conquista”, dijo Hernández. “Nos quisieron cortar las ramas, pero no pudieron acabar con la raíz.”

Isàlia McIntyre

Isàlia McIntyre es una periodista independiente radicada en Chiapas, México. Se dedica a cubrir temas de derechos humanos, cultura y justicia ambiental.

Isàlia McIntyre is a freelance journalist based in Chiapas, Mexico. She covers human rights, culture, and environmental justice.

Next
Next

Contra la militarización, estrategias colectivas y transfronterizas