Movilización al Congreso de la Nación en conmemoración de Ni una Menos en Buenos Aires, Argentina, el 3 de junio de 2026. Foto © Susi Maresca.
Fragmento de libro • Verónica Gago • 30 de octubre, 2026 • Read in English
Este es un fragmento del libro Laboratorio Argentina. O sobre la fascistización de la vida cotidiana de Verónica Gago, que saldrá con Tinta Limón en noviembre. Lo reproducimos porque sentimos que es un aporte de vital importancia para entender cómo se está pensando la reproducción social desde el sur. —Editores
La reproducción social se trata de un conjunto de relaciones imprescindibles para la reproducción de la vida sobre la cual se organiza la explotación capitalista invisibilizada, donde sucede el trabajo no reconocido como tal, donde lo no remunerado se debe a que es forzosamente gratuito. Todo esto se logra gracias a los dispositivos de raza, clase y género que hacen posible su explotación a través de la conexión de distintas violencias que, además, se naturalizan, se biologizan y se deshistorizan.
La definición misma de la reproducción social implica discutir qué actividades, qué sujetos y qué geografías incluye: no es un simple listado, sino la cartografía histórica contenciosa de su explotación-invisibilización y de su despojo. Es requisito del capital exterminar otras economías si no las puede refuncionalizar a su favor.
Hablar de la reproducción social nos permite una lectura inclusiva de la multiplicidad de sujetos que producen valor: el trabajo doméstico y las personas desempleadas, las economías populares y el trabajo precarizado, el trabajo campesino y de plataformas. Por esto mismo, la perspectiva de la reproducción social que pone la definición del valor como cuestión política es clave como contrapunto a la lente capitalista que restringe a un grupo de trabajadorxs asalariadxs como aquellxs que producen valor y por tanto, son quienes vale la pena que se reproduzcan.
La definición misma de reproducción involucra un debate sobre la producción y apropiación de valor —vinculada a determinadas decisiones sobre los dos puntos anteriores (¡quiénes son consideradxs trabajadorxs y quiénes son consideradxs que “vale la pena” que se reproduzcan!)— que no es meramente teórico, sino profundamente teórico y político.
Valor es aquí desplazamiento: ¿qué valoriza la noción de reproducción social de la fuerza de trabajo, de los cuerpos concretos que la portan, una vez que ha sido arrancada de la unilateralidad de la reproducción del capital?
La potencia de la reproducción social
La potencia del “doble carácter” de la reproducción social es mostrar siempre la posibilidad de convertir los cuerpos y los territorios en existencias contra el modo unilateral de existir sólo en tanto fuerza de trabajo y fuerza de consumo para la realización del beneficio capitalista.
Redescubrir la reproducción social desde el otro lado es abrir su doble carácter, tal como hacen los análisis feministas, anticoloniales y ecologistas. Se trata de un modo de leer desde el antagonismo: es decir, luchar contra lo que imposibilita la reproducción de ciertas vidas y tramas o contra lo que unilateraliza su reproducción por medio del sometimiento y la explotación de la vida que ahora comandan los dispositivos financieros.
Por eso, hablamos de la reproducción social de la vida personal y colectiva de las personas y de los territorios (vida humana y no humana) en las condiciones históricas del capitalismo colonial patriarcal, lo cual implica siempre condiciones de lucha contra la acumulación de capital y también el horizonte de su autonomía.
Aquí la noción de autonomía permite enhebrar tradiciones y prácticas de liberación de la reproducción social muy diversas, incluyendo prácticas campesinas, indígenas, comunitarias, populares y transfeministas. Es ese acervo permanentemente renovado sobre el que busca abalanzarse el capital (siempre necesitado de tiempos y espacios no capitalistas).
En pleno capitalismo financierizado, podemos situar la reproducción social como un terreno de luchas abierto y no como las condiciones automáticas que el capital produce para su propia reproducción y expansión. Esto quiere decir que el capital prescinde de garantizar la reproducción social tal como lo hizo a través del salario pero también atacando las economías alternativas a ese patrón.
Extractivismo y reproducción
Existen varias áreas clave al momento de pensar la reproducción social hoy en día. Primero, la reproducción social ya no es sólo un terreno de explotación, sino espacio de extracción permanente.
El capitalismo es hoy tendencialmente extractivo en un sentido muy preciso: no paga (ni siquiera indirectamente) por aquello de lo que se apropia. Lo financiero (como dispositivo, plataforma, gestualidad infiltrada en lo cotidiano) busca normalizar y a la vez dinamizar las violencias generadas por el empobrecimiento y los despojos.
La reproducción social, de este modo, tiene cada vez menos un carácter asegurado (aun con sus sesgos de clase, raza y género) y más bien se presenta como una disputa permanente sobre cuáles vidas lograrán reproducirse. Es decir: se convirtió en un terreno de producción móvil y continuo de jerarquías.
Segundo, en el capitalismo financiero extractivo se ha consolidado un cambio de relación entre la reproducción y la producción. Se trata, como argumenta Leopoldina Fortunati, de un cambio de poder entre ambas esferas (la producción de mercancías y la reproducción de fuerza de trabajo).
Hoy el capital extrae más valor del trabajo gratuito que hacemos a través de la financiarización y la digitalización de la reproducción de las tecnologías de plataforma. Se exporta así la generalización del trabajo no pagado (que parece hacerse por amor, por entretenimiento, por producción de sí) a la esfera productiva, donde estas reglas se imponen y normalizan como precariedad e hiperexplotación.
Tercero, la dimensión extractivista que refiere hoy al mismo tiempo al saqueo organizado para extraer las materias primas que sostienen la digitalización, pero también a la generalización de las “operaciones extractivas” como modalidad de comando del capital que extrae valor sin reconocimiento y sin remuneración.
Con estas premisas podemos resaltar una noción de reproducción social que nos sirva como punto de vista sistémico y a la vez situado y concreto. Que no tome como punto de partida la reproducción de lxs trabajadorxs asalariadxs, sino las formas de reproducción que en los sures del mundo garantizan la vida y que, cuando no lo hacen, provocan la migración al Norte.
Orientarnos en defensa de la reproducción
Entender cómo en las condiciones de vida cotidiana se originan formas de violencia y apropiación, de pacificación y jerarquización, que luego son institucionalizadas en el mercado laboral nos orienta sobre su centralidad estratégica. También nos permite leer el tipo de inversión entre el funcionamiento de lo reproductivo y productivo que estamos presenciando.
La pluralización de los sujetos productivos que se dejan leer desde la reproducción social modifica la teoría política de la lucha de clases a favor de una insistencia en las alianzas más que en la búsqueda de un sujeto unitario. La capacidad de accionar desde la reproducción social, reencantándola como propone Silvia Federici, pone la tarea concreta de producir tiempos, circuitos y equipamientos que no se rigen por la rentabilidad sino por la garantía de modos de existencia.
Mostrada la centralidad estratégica de la reproducción social, se hace más evidente que la ultraderecha invierte allí una cantidad de esfuerzos y dispositivos.
Para desarrollar la hipótesis de la fascistización de la reproducción social, debemos primero explicitar que cuando hablamos de reproducción social damos cuenta simultáneamente de varias dinámicas y procesos.
Nos referimos a un terreno de luchas sobre cómo se garantizan las condiciones de existencia de las mayorías con criterios que disputan la unilateralidad de la reproducción del capital y para el capital.
También a una lente para analizar la reorganización de la vida y el trabajo en condiciones sucesivas de capitalismo neoliberal y de capitalismo de guerra cuando las posibilidades de existencia son agredidas sistemáticamente, al punto del genocidio.
Entendemos que es un espacio heterogéneo en términos espaciales y temporales, por lo cual es más preciso hablar de tramas, siguiendo a Raquel Gutiérrez Aguilar, y a regímenes heterogéneos de reproducción social. “Pluralizar” la reproducción social, como propone Alessandra Mezzadri, a través de la multiplicación de sus espacialidades permite entender formas desiguales y combinadas en las que históricamente ha sido producida, diferenciada y jerarquizada, y recuperar otras genealogías históricas.
Para eso tenemos que asumir cómo las perspectivas de la ecología política feminista, de las luchas y saberes indígenas junto a las luchas antiextractivistas aportan dimensiones fundamentales para la ampliación de la noción misma de reproducción social, por fuera de una perspectiva androcéntrica.
Se trata de un terreno donde está en juego la capacidad de resistencia debido a su “doble carácter”. Esto también se expresa como disputa por la noción de valor.
Por todo lo anterior, queda evidenciado el carácter estratégico que implica el devenir extractivo del capital que busca generalizar lo que ya sucede en lo reproductivo: la apropiación directa, violenta y sin ningún tipo de remuneración.

