El ‘No’ resuena en Ecuador mientras Noboa redobla la apuesta

Una manifestante sostiene una vasija con palo santo humeante mientras al fondo se observa un cartel con la consigna “Fuera Noboa”, durante una protesta en el Día de Acción Global por el Aborto Libre, Seguro y Gratuito. Centenares de mujeres y organizaciones sociales se movilizaron en el marco del Paro Nacional, el 28 de septiembre de 2025, en Quito, Ecuador. Foto © Karen Toro.

Reportaje • Lisbeth Moya González • 6 de febrero, 2026 • Read in English

Ecuador llega a 2026 aturdido tras un ciclo políticamente intenso en el que la sociedad civil mostró su rechazo al ajuste neoliberal de Daniel Noboa en las urnas y en las calles. 

A fines de 2025, el país atravesó dos procesos populares que sacudieron sus cimientos: el paro nacional y un referéndum, que representaron un rechazo fuerte al gobierno de Noboa pero, al mismo tiempo, no permitieron la consolidación de una fuerza social para desafiarlo.

Del 18 de septiembre al 22 de octubre de 2025, se desarrolló en Ecuador el paro nacional convocado por la Confederación de Nacionalidades Indígenas del Ecuador (CONAIE). 

A la protesta se sumaron estudiantes, artistas, colectivos transfeministas y parte de la ciudadanía para rechazar la eliminación del subsidio del diésel impuesta por el presidente Noboa. El paro se caracterizó por la fuerte represión estatal que dejó tras de sí al menos cuatro víctimas letales y 473 herides, 10 meses después de que el ejército desapareciera y asesinara a cuatro niños negros del barrio de Las Malvinas cerca de Guayaquil.

Aunque la protesta social masiva no logró impedir la reducción del subsidio al diésel, el descontento popular se canalizó políticamente a través de la consulta popular realizada el 16 de noviembre de 2025.

La consulta popular impulsada por el gobierno de Noboa sometió a votación un conjunto de reformas de alto impacto político e institucional. Entre ellas, la autorización de bases militares extranjeras en territorio nacional, la eliminación del financiamiento público a los partidos políticos, la reducción del número de asambleístas y la convocatoria a una asamblea constituyente con el fin de redactar una nueva constitución.

Eliminar el financiamiento público a los partidos profundizaría las desigualdades en la competencia política, mientras que la convocatoria para una nueva constitución en un contexto de crisis y alta concentración de poder en el Ejecutivo fue percibida por amplios sectores sociales como un riesgo de regresión de derechos y de consolidación de un proyecto autoritario. 

En este sentido, el rechazo mayoritario a las preguntas de la consulta fue interpretado no solo como una negativa a las propuestas específicas, sino también como un mensaje político de oposición al rumbo del gobierno y a su intento de reconfigurar el orden institucional del país.

El triunfo del No no fue un fenómeno espontáneo, sino el resultado de la movilización de diversas iniciativas de la sociedad civil, colectivos ciudadanos, organizaciones sociales y espacios académicos que impulsaron campañas informativas y creativas en contra de la consulta. 

Una manifestante vestida de clown entrega una flor a militares durante una jornada del Paro Nacional contra las medidas económicas del gobierno ecuatoriano, en el marco de la conmemoración de los 533 años de resistencia indígena, el 12 de octubre de 2025, en Quito, Ecuador. Foto © Karen Toro.

La reacción popular

“Actualmente hay intentos de persistir en la calle con las asambleas populares para procesar lo que está pasando en espacios de debate, pero es insuficiente”, dijo Alejandra Santillana Ortiz, parte de la Asamblea Transfeminista de Mujeres y Disidencias del Ecuador y del colectivo medioambiental Yasunidos. 

Respecto al rol de las organizaciones sociales en estos procesos populares, Santillana explica que se trata de un tejido social que venía activándose en las calles y que fue determinante para la articulación del paro. Esas mismas fuerzas sociales se enfocaron en el terreno electoral con el No y actualmente están volcadas a procesar y reestructurarse después de dos momentos políticos tan álgidos.

“Es muy difícil hacer política cuando hay miedo por tu vida y, sin embargo, hay una capacidad todavía de juntarnos”, dijo Santillana en entrevista a Ojalá.

Un ejemplo de esa reestructuración popular es Coalición Ecuador, una iniciativa ciudadana que surgió durante la consulta popular y, al parecer, llegó para quedarse. Juan José Alomía, uno de sus fundadores, explica que se trata de un grupo de difusión política. 

“Participé en diferentes campañas por el No y me di cuenta de que había en Quito muchos ciudadanos organizados haciendo campaña, que no respondían a ningún partido político y que no se conocían entre sí”, dijo Alomía en entrevista con Ojalá

Coalición Ecuador es una organización de unas 230 personas que fomenta el debate político a través de encuentros, la difusión de contenidos y actividades como ciclos de lectura y cine comunitario. Su objetivo es fortalecer la organización colectiva y la agencia popular más allá de los clivajes que dividen a la izquierda.

Noboa, el presidente ausente

El paro nacional y el resultado de la consulta marcaron un antes y un después en el gobierno de Noboa, debilitando la fidelidad del electorado y dejando abierto un escenario de incertidumbre acerca del rumbo del país.

La encuesta de percepción política del Centro de Investigaciones y Estudios Especializados (CIEES), cuyos resultados fueron publicados por diversos medios de prensa ecuatorianos, señala que durante el mes de enero de 2026, el 60 por ciento de la población calificó la gestión de Noboa como mala o muy mala, con solo un 32 por ciento de aprobación en la capital. 

Santiago Pérez, analista político ecuatoriano y director de la empresa de investigación Clima Social, que realizó estudios de opinión pública durante la campaña de la consulta popular, explica que después de la consulta, la conducta del presidente fue de abandono del poder. 

“Desde entonces, Noboa ha permanecido la mayor parte del tiempo fuera del país”, dijo Pérez en entrevista con Ojalá. “Hoy el gobierno está más frágil que nunca y si ocurre en este punto una gran movilización social podría ser derrocado”.

Una manifestante sostiene un cartel con la consigna “Noboa asesino. Justicia por Efraín F. Chapas y milicos traidores asesinos”, durante una protesta en el Día de Acción Global por el Aborto Libre, Seguro y Gratuito. Centenares de mujeres y organizaciones sociales se movilizaron en el marco del Paro Nacional, el 28 de septiembre de 2025, en Quito, Ecuador. Foto: Karen Toro.

¿Qué sucede tras el No? 

La lógica política indicaría que un presidente cuya popularidad desciende drásticamente y al que la voluntad popular castiga realizaría obras o acciones para subvertir su realidad, pero no. Las medidas de inicio de año del presidente Noboa van en su mayoría encaminadas al ajuste fiscal para complacer al Fondo Monetario Internacional y a asegurar los intereses de los Estados Unidos en Latinoamérica. 

Ecuador regresó al mercado internacional de bonos en enero de 2026, luego de casi siete años sin emitir deuda soberana en esos mercados, mediante una operación que combinó la recompra de bonos próximos a vencer y la colocación de nuevos títulos a más largo plazo. Estos bonos están respaldados por fondos públicos, lo que implica que su pago recaerá sobre las finanzas públicas y, en última instancia, sobre la población.

Además, el 28 de enero, Noboa envió a la Asamblea un proyecto de ley económica urgente que obliga a los gobiernos locales a destinar hasta el 70 por ciento de los recursos que reciben del Estado a inversión en obra pública, de forma progresiva entre 2027 y 2029. Se trata de una medida impopular que le quita al gobierno central responsabilidades respecto a la realización de obras públicas. 

En el marco de la invasión de EE.UU. a Venezuela, tras las declaraciones del presidente de Colombia contra Trump, Ecuador impuso aranceles del 30 por ciento a productos colombianos y aumentó en más de 900 por ciento las tarifas de transporte de crudo colombiano por el oleoducto ecuatoriano. 

Dichas medidas fueron justificadas por Quito por la falta de cooperación de su homólogo en la lucha contra el narcotráfico en su frontera común. Bogotá respondió reciprocando aranceles, suspendiendo la venta de energía eléctrica y calificando las acciones ecuatorianas como agresivas. 

Ecuador ha sufrido en los últimos años diversas crisis energéticas que han sido solventadas por la venta de energía de Colombia. Y aunque los ecuatorianos dijeron No a las bases militares en su territorio, el gobierno se aseguró del despliegue de efectivos norteamericanos en la frontera norte y los puertos del Pacífico. 

El país entra así en una etapa de suspensión política: un poder debilitado que gobierna como si no escuchara, y una sociedad que mostró su voluntad en las urnas, pero que no ha logrado consolidar su poder en las calles. 

El futuro de les ecuatorianes dependerá de si el malestar logra transformarse en un proyecto popular sólido y organizado donde la política vuelva a ser un espacio de disputa colectiva y no solo de administración del ajuste neoliberal.

Lisbeth Moya González

Lisbeth Moya González es periodista cubana, colaboradora de las revistas Tremenda Nota y La Joven Cuba, y miembro del colectivo Socialistas en Lucha. Cursa actualmente un Máster en Sociología en FLACSO Ecuador.

Lisbeth Moya González is a Cuban journalist who has written for Tremenda Nota and Young Cuba Magazine, and a member of the Socialists in Struggle collective. She is currently enrolled in a Masters of Sociology in FLACSO Ecuador.

Next
Next

Ecoturismo y enclaves en Costa Rica