La lucha por el espacio público en Guadalajara en vísperas del Mundial

Manifestantes se reúnen en el Parque Revolución para protestar en contra del aumento del costo del transporte público el 10 de enero, 2026, en Guadalajara, México. Foto © Itzel Michel.

Entrevista • Dawn Marie Paley • 20 de mayo, 2026 • Read in English

A menos de un mes del inicio de la Copa Mundial de Futbol de México, Estados Unidos y Canadá, Guadalajara está pasando por procesos de despojo y gentrificación, a la vez que vive operativos militares y control paramilitar de manera abierta. 

El asesinato del líder criminal Nemesio “El Mencho” Oseguera Cervantes el 22 de febrero en Tapalpa, a poco más de 120 kilómetros de Guadalajara, puso el foco nacional e internacional en el estado de Jalisco. Apenas 15 días después, miles de feministas marcharon en la ciudad, capital del estado, manifestándose contra la violencia y el cierre de los espacios públicos. 

Entre ellos está el Parque Revolución, también conocido como el Parque Rojo, espacio medular para la recreación y los movimientos sociales y de protesta en la ciudad.

Para entender cómo las mujeres y disidencias en Guadalajara se están organizando de cara a diferentes mafias —desde la Federación Internacional de Fútbol Asociación hasta grupos criminales locales—, me entrevisté con Lucila Sandoval, una comunicadora de la ciudad. 

Sandoval colabora con Intrasentido, un grupo que apoya a colectivas y organizaciones en Latinoamérica para mejorar tanto en cuestión de capacidades de comunicación, como en su entendimiento del panorama narrativo en el que están. 

Ella describe cómo el Mundial está acelerando procesos de desplazamiento y privatización en la ciudad y discute los múltiples significados de la paz en una ciudad militarizada. Hablé con Sandoval a principios de mayo; nuestra entrevista ha sido ligeramente editada por extensión y claridad.

Dawn Marie Paley: ¿Me podrías platicar sobre la importancia del Parque Revolución o Parque Rojo para las personas queer, feministas, de movimientos sociales y un largo etcétera en Guadalajara?

Lucila Sandoval: El Parque Rojo es un punto cultural muy importante en Guadalajara en años recientes. A partir de 2010 y después de manera más evidente en 2012, la movilización social en Guadalajara se transforma significativamente.

Aunque en 2012 [las protestas universitarias de] ‘Yo Soy 132’ fue un momento importante, hay varios momentos previos al movimiento estudiantil que alimentan ese impulso. El movimiento estudiantil en Guadalajara tuvo la característica de que no fue solo estudiantil por la naturaleza de nuestras universidades, de cómo están esparcidas por la ciudad.

La Universidad [de Guadalajara] no tiene una ciudad universitaria clara, ahora sí, un poco más al norte, pero originalmente tenía los centros por todos lados. Entonces nos congregábamos en el Parque Rojo. 

Ya había una apropiación del espacio público por ciertos colectivos como las bordadoras de Bordamos por la Paz, así como por algunas colectivas que empezaban a formarse alrededor de la desaparición forzada. Se transforma radicalmente ese espacio y se convierte en un lugar politizado en el que se hacen múltiples asambleas. 

Desde ese mismo espacio empiezan muchísimas marchas, [el Parque Rojo] se vuelve un punto políticamente importante. 

Las principales marchas por [los 43 desaparecidos de] Ayotzinapa en 2014 salen del Parque Rojo. Hay mucha organización que empieza a ocurrir allí porque el parque está en un lugar muy estratégico, en la estación Juárez, que es donde convergen dos de las líneas de metro.

A partir de algunos años atrás se forma la Mercadita Feminista [que tenía lugar en el parque], de parte de grupos feministas transexcluyentes. Y de forma casi paralela [en el mismo parque] se empiezan a hacer espacios de tianguis [mercados itinerantes] de jóvenes queer y de personas de diversas edades.

Cuando el Ayuntamiento de Guadalajara decide cercar el parque para remodelarlo, mucha gente que vivía de la venta en estos espacios inmediatamente es relegada. Los grupos que se organizaban de forma más política también pierden ese lugar.

Vista del Parque Revolución luego de su última remodelación previa al Mundial de Futbol a celebrarse en la ciudad el 13 de mayo, 2026, en Guadalajara, México. Foto © Alejandra Leyva.

DMP: ¿Me puedes hablar un poco del contexto actual de privatización y gentrificación en la ciudad?

LS: Con la acelerada gentrificación de varias partes de la ciudad y sobre todo del cuadro central ha habido una mercantilización de los espacios públicos y una clara expulsión, sobre todo de las personas más jóvenes de estos espacios.

La disneyficación de la ciudad por el Mundial pone en tensión a los grupos que están acostumbrados a vivir la ciudad —que ya estaban acostumbrados a poder habitarla de manera más libre— desde los grupos que se reunían cotidianamente hasta los que se organizan para marchas, para distintos procesos políticos.

Estamos en un momento de enfrentamiento con el estado y con el gobierno de la ciudad por esto. Los espacios que resisten han tenido que o hacer muchas concesiones para cuadrarse al gobierno, para que se les permita seguir estando, o están consistentemente siendo atacados.

DMP: Cuéntanos sobre la marcha del Día Internacional de la Mujer el 8 de marzo de este año

LS: Este año el ocho de marzo viene siendo a menos de 15 días del asesinato del Mencho, en lo que se podría imaginar como una tensa calma, aunque en muchos sentidos ya es la normalidad, pero una normalidad hiperviolenta. 

Aquí en Guadalajara desde hace varios años tenemos dos marchas [feministas]. La marcha grande, organizada todos los años por la red #YoVoy8DeMarzo es transincluyente, pero también hay una marcha de grupos transexcluyentes el mismo día, que normalmente llega a otro punto de la ciudad. Este año, hubo mucha politización, había varias personas que iban con exigencias muy claras, a diferencia de otros años en los que se ha diluido un poco el asunto.

Hace algunos años que se está nombrando la marcha [principal] como Día Internacional de la Mujer Trabajadora. Eso tiene cierta potencia. También hubo grupos pro-Palestina, este año había una gran cantidad de contingentes y de grupos organizados.

Una manifestante participa en la marcha por el Día Internacional de la Mujer en las inmediaciones del Parque Revolución el 8 de marzo, 2025. Foto © Alejandra Leyva.

El 8 de marzo, la manifestación tumba las vallas del Parque Revolución, que llevaba más o menos nueve meses cerrado. Se cerró intempestivamente una mañana, se enrejó. Todas las personas que vivían del tianguis que se pone los fines de semana se quedaron sin lugar. Muchas cosas ocurren alrededor de esto, pero bueno, [el parque] se cierra y se dice que es por la remodelación.

Entonces el 8 de marzo las chicas abren el espacio y se nota que no ha habido remodelación. A partir de allí [el gobierno de la ciudad] empieza a trabajar muy rápidamente en remodelarlo, se inaugura. En esa inauguración hay un despliegue de policía ridículo, una cantidad de policía que, en muchas de las fotografías que salieron después, te preguntabas “¿dónde estaban todos estos policías el día de los bloqueos [el 22 de febrero, cuando El Mencho fue asesinado]?”

Existen un montón de espacios de venta que ahora están nombrando desde el Ayuntamiento como ambulantaje. Se supone que hubo un momento de regularización hace varios años de muchos de estos vendedores. Tampoco es claro a quiénes están sacando del centro. Hay un esfuerzo muy evidente de limpiar sobre todo ciertas zonas de la ciudad y construcciones que están ocurriendo a una velocidad tremenda a uno o dos meses del mundial.

La presencia policiaca en el centro de la ciudad es fuerte y la militar en todos los puntos de entrada a la ciudad es muy fuerte. Todas las carreteras tienen una presencia muy clara de la Guardia Nacional y militares. 

En lugar de una idea abstracta de que las mujeres están marchando por la paz, hay que entender que la paz social significa el poder transitar en la ciudad, que las personas puedan tener sus espacios de venta, su vivienda.

La marcha del 8M fue particularmente importante no solo porque fue bastante grande después de un momento de miedo, sino porque estuvo bastante más organizada que otros años. Era más clara la presencia de grupos que se organizan en la cotidianidad y no solo la masividad que hemos tenido en otros momentos.

DMP: Platícame de cómo están reflexionando sobre la paz de una manera multidimensional. 

LS: Se siente tan violento este contexto en el que se está haciendo una ciudad para otros que no la viven.

Sabemos que son dos elementos: la seguridad del estado que está fregándote, imponiéndote y no permitiéndote estar, pero también la desaparición de los espacios públicos por los privados y por los negocios, que hace que sea muy difícil nada más estar. 

Quita a la gente de la calle, sobre todo a las personas más jóvenes. Son quienes tienen menos acceso a recursos y, además, cuyos espacios, por ejemplo, las universidades, están bastante separados, poco accesibles. 

En esta ciudad, la paz significa poder estar tranquilo en la ciudad, poder hacer manifestaciones, poder vender cosas, poder ir al espacio público y sentarte en una banca sin que haya policía a tu alrededor.

Dawn Marie Paley

Es periodista freelance desde hace casi dos décadas y ha escrito dos libros: Capitalismo Antidrogas: Una guerra contra el pueblo y Guerra neoliberal: Desaparición y búsqueda en el norte de México. Es editora responsable de Ojalá.

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