El trabajo colectivo en defensa de la costa sinaloense

Músicos pascolas acompañan a los danzantes bajo la enramada, 26 de junio de 2026 en el plantón del Colectivo Aquí NO en Topolobampo, Sinaloa. Foto © Itzel Arredondo.

Opinión • Itzel Arredondo • 17 de julio, 2026 • Read in English

“Ahora he escuchado que le dicen Monumento a la Unión de los Pueblos”, nos dice nuestra amiga mientras pasamos la enorme torre de absorción metálica de más de 50 metros de largo y casi 400 toneladas de peso. Su entrada al puerto de Topolobampo, Sinaloa, a finales de mayo resultó en la instalación de un campamento permanente de resistencia.  

El cilindro gigante se ha vuelto un símbolo importante para el movimiento contra la instalación de la planta de amoníaco más grande de América Latina en un frágil ecosistema de la costa del noroeste mexicano. El rechazo hacia sus posibles implicaciones devastadoras para la bahía de Ohuira le ha ganado apodos como “misil”. La combativa solidaridad que ha abundado desde su llegada ha inspirado esta resignificación. 

El ingreso de esta pieza de equipamiento industrial a Topolobampo fue desencadenante no solo del plantón permanente, sino de un boom mediático que atrajo la atención de muchas personas a escala local e internacional que antes se habían mantenido al margen o ignoraban la problemática. 

La petición contra el proyecto lanzada en Change.org sirve como barómetro: a inicios de mayo rondaba las mil firmas, el 1 de junio (dos días después de la entrada de la torre) tenía alrededor de 240.000 firmas. Actualmente sobrepasa el millón.

La llegada

Llegamos al plantón el 26 de junio mientras el sol se ponía en un cielo mayormente despejado, con un gradiente de naranja a azul. Observamos la enramada, una techumbre de palmas que se armó para las actividades de esta noche. A su frente, ondean en la esquina izquierda una bandera de la Nación Yoreme y en la derecha una bandera de México.

Avanzamos, pasando las carpas donde ya se han armado una cocina principal y una secundaria, un comedor y áreas de convivencia. Más al fondo, comienzan a haber catres, algunos cubiertos por tela mosquitera y otros expuestos. Al final, justo fuera de las puertas de la entrada de Gas y Petroquímica de Occidente (GPO), hay un par de casas de campaña. Aprovechamos los últimos rayos de sol para instalarnos en un espacio entre dos de ellas.

Torre de enfriamiento para la planta de amoniaco visible desde una de las tiendas del campamento, 27 de junio de 2026 en el plantón del Colectivo Aquí NO en Topolobampo, Sinaloa. Foto © Itzel Arredondo.

GPO es una filial de la empresa suizo-alemana PROMAN, la que construye la planta. El proyecto aquí se presentó oficialmente en 2013 y se sostiene con financiamiento de KfW (un banco estatal alemán) y soporte tecnológico de ThyssenKrupp (un conglomerado alemán de ingeniería industrial y producción de acero que también es proveedor de armas para Israel). Se sostiene también con el visto bueno del gobierno mexicano.

Esto no es nuevo, y tampoco lo es la resistencia organizada que se le opone. 

No es, como pareciera que algunxs funcionarixs públicxs quieren aseverar, que se permitió que el proyecto avanzara y ahora que está “casi terminado” los residentes lo quieren frenar. Desde un inicio ha habido críticas y oposición desde las comunidades yoreme mayo de la región y la academia. El Colectivo Aquí NO ha litigado contra el proyecto por más de una década. Han recibido amenazas, han tenido que reestructurarse e innovar y han acumulado lentamente el apoyo de la sociedad. 

Desde que hay muchos ojos puestos sobre la bahía de Ohuira, la narrativa oficial ha ido incluyendo cifras cada vez más altas tanto del porcentaje de avance de la construcción (de 88 a 90 y luego 95 por ciento) como de los beneficios en términos de creación de empleo (de 143 puestos a 3.000 a 10.000). Estas afirmaciones no se corresponden con la realidad de una planta cuya entrada ha estado bloqueada por más de un mes. 

La enramada

Esa misma noche, pernoctamos en el campamento por la fiesta de San Juan.

Caminando de vuelta a la enramada en la oscuridad, sé que estoy pasando al lado de donde se preparan lxs danzantes porque escucho cascabeleos de dos tipos, uno seco y uno metálico, que acompañan sus movimientos.  

Tenábaris de los danzantes pascolas en la fiesta de San Juan,  26 de junio de 2026 en el plantón del Colectivo Aquí NO en Topolobampo, Sinaloa. Foto © Itzel Arredondo.

Una vez iluminadxs por las luces cálidas que cuelgan del techo de palmas, pude distinguir que el sonido seco venía de los tenábaris, hechos con capullos de mariposa cuatro espejos que cubren la mitad inferior de las piernas de lxs danzantes. El sonido metálico lo producían los coyolis, cascabeles que cuelgan de un cinturón de vaqueta.

Hay guirnaldas de borlas y banderas de papel picado de colores rojo y amarillo. Los colgantes de papel crepé producen un suave seseo al mecerse con el viento, que sopla siempre desde el mar hacia la tierra firme. 

Entre músicxs, danzantes pascola y venado, cantores, guardianas y cuidadoras, lxs participantes se mueven de un punto a otro en la enramada, haciendo secuencias de danzas con personajes que albergan dualidades y ritmos que cuentan historias del territorio sobre el que se emiten. Después de varias rondas, descansan. Luego, vuelven a comenzar. Las danzas continuarán toda la noche.

El mar aquí es el sustento de la vida. Este litoral riquísimo sostiene a 3.000 familias que dependen de la pesca. Las interdependencias no paran en lo económico, ya que la región ha sido determinada como un sitio Ramsar, que significa que es un importante humedal protegido por una convención internacional. Es el hábitat de decenas de especies de alta importancia ecológica y cultural como zona de anidación de aves migratorias y tortugas marinas, y hábitat del delfín nariz de botella, que es una especie emblemática para lxs topeñxs. 

Todo este sistema ecológico, que se enfrenta ya de por sí a una variedad de agresivas presiones antropogénicas, se vería seriamente vulnerado —quizá más allá de cualquier posibilidad de restauración— por la concreción de los objetivos de GPO.

Para su funcionamiento, la planta de amoníaco utilizaría cada hora 2000 metros cúbicos de agua de mar, que regresaría a la bahía 1 a 3 °C más caliente. Esta diferencia, que en términos humanos no parece mucho, es decisiva para muchos animales marinos, especialmente para sus estadios tempranos que usan las aguas tranquilas de la bahía para nutrirse y crecer antes de salir a áreas más turbulentas, además de ser un elemento base en las redes tróficas que sostienen todo el ecosistema. 

La planta ha sido favorecida debido a que se integró a los 15 Polos del Desarrollo Económico del Bienestar del gobierno de Claudia Sheinbaum. El amoniaco es un insumo necesario para la creación de fertilizantes que sostienen el modelo de producción agrícola industrializada que enaltece a Sinaloa como un estado productivo. La presidenta lo defiende como un paso esencial para la soberanía alimentaria del país.

Pero, ¿qué tan soberano es el desarrollo si destruye ecosistemas, si pisotea los derechos constitucionales de los pueblos originarios, si el beneficio económico de la venta se va a países del norte global, si no se garantiza ningún precio preferencial a productores locales, y si la mayor parte de la producción agrícola sinaloense se exporta porque las grandes agrícolas no buscan soberanía, sino ganancia económica y crecimiento perenne?

Enramada montada para la fiesta de San Juan, 27 de junio de 2026 en el plantón del Colectivo Aquí NO en Topolobampo, Sinaloa. Foto © Itzel Arredondo.

La santa lluvia

Más avanzada la noche, entramos a la casa de campaña para recostarnos un rato y estirar los pies. El viento arrecia y el sonido que hace contra las carpas del campamento es de golpe ondeante. Con la ventisca se han comenzado a congregar las nubes. Enfrente de nuestra tienda hay personas jóvenes que tocan el acordeón y la guitarra, bailan y se ríen.

En la madrugada, alrededor de las 4 a.m., la aglomeración de nubes deviene en augurio certero. Comienza una llovizna y alrededor de las 5:30, mientras en la enramada se elevaba un rezo, se suelta un aguacero en respuesta. La primera gran lluvia del año, una verdadera tormenta con vendaval. Algunas carpas se encharcaron, volaron colchonetas, personas se empaparon. El Santo fue bañado en agua dulce.

“El día de San Juan no llovió porque no hubo fiesta, pero hoy ya sí”, escuché a alguien decir mientras desayunábamos guacabaqui —un plato tradicional yoreme que es un caldo con base de carne de res y frijoles— en la carpa-comedor. 

Esta celebración de San Juan llegó tarde porque se realizó de forma atípica. Históricamente, estas fiestas ocurren en los centros ceremoniales tradicionales de cada comunidad por separado, pero esta fue posibilitada por la unión de muchas comunidades yoreme mayo de la región. Además, las participaciones fueron voluntarias, motivadas por el deseo y la necesidad de sostener la defensa de un territorio altamente amenazado. De reconocernos seres humanos, como parte de la naturaleza y no como un ente separado que entra y sale de ella a voluntad.  

La lucha de la bahía de Ohuira en Topolobampo está viva. El plantón se ha declarado permanente mientras no se detenga el proyecto y ya se han comenzado a construir estructuras más duraderas. El Colectivo Aquí NO invita a la sociedad a que apoye la lucha de la manera que le sea posible, pero enfatiza la importancia de que pongamos ahí el cuerpo.

Un amigo nos contó que cuando fueron por suministros para construir la enramada, su guía les aconsejó que pidieran permiso alJuyya Ania (el “mundo del monte” en la cosmovisión yoreme) antes de entrar y tomar lo que necesitaban. Mientras realizaban su tarea, un gato montés se les acercó brevemente.

Su anécdota nos recordó cómo, en una manifestación marítima organizada por el Colectivo, un grupo de delfines salió a la superficie a pesar de la gran cantidad de pangas presentes. Las espátulas rosadas nos sobrevuelan en abundancia. 

Los delfines salen —atípicamente— entre una congregación de motores, los gatos monteses relajan su recelo, la lluvia cae al final de un rezo. El territorio nos sostiene con ternura y fuerza. Dice cosas que honramos con nuestras voces, buscando una armonía.

Itzel Arredondo

Itzel Arredondo es bióloga y escritora. Le interesa organizarse con otrxs. Con su proyecto @palabraterrestre explora simbiosis entre las letras y la naturaleza.

Itzel Arredondo is a biologist and writer. She is interested in collaborating with others. Through her project @palabraterrestre, she explores the symbiosis between literature and nature.

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