¿Cogobierno militar en México?

Ilustración original para Ojalá por @pazconadie.

Opinión • Ramón I. Centeno • 3 de septiembre, 2026 • Read in English

Este es el primero de una serie de artículos sobre la militarización organizada por Ojalá—Eds.

En lo que va del siglo, hablar de la militarización en México ha significado hablar de las misiones que lxs presidentes han encargado a las fuerzas armadas. Y las tareas de lxs militares han aumentado, especialmente desde 2006. 

Era previsible que llegaría un punto en que el incremento del peso militar dentro del estado mexicano terminaría alterando el sistema político.

Ese punto ha llegado. 

Hoy en día, las fuerzas armadas no son tan solo un instrumento del poder civil, sino su principal socio. Una coalición civil-militar ha emergido como el principal eje de poder en México.

El parteaguas fue la elección de Andrés Manuel López Obrador (AMLO) como presidente. En su gobierno de “izquierda”, la militarización adquirió niveles inéditos. 

López Obrador, presidente de 2018 a 2024, desmanteló la Policía Federal (institución de carácter civil que respondía el ejecutivo) y la sustituyó por la Guardia Nacional, un cuerpo de policía controlado por el Ejército. Aunque este ha sido el cambio decisivo con el que lxs militares consiguieron el monopolio de las armas a nivel federal, AMLO llevó mucho más lejos su colaboración con lxs generales y almirantes del país.

AMLO canjeó con lxs militares su apoyo a la “Cuarta Transformación” (el nombre oficial del proyecto que busca distinguirse de gobiernos anteriores). Prestas para ello, las fuerzas armadas sacaron adelante sus megaobras emblemáticas, como el Tren Maya y el Corredor Interoceánico. Coloquialmente, es lo que conocemos como un gana-gana. El progresismo adoptó el militarismo y lxs militares adoptaron el progresismo. La alianza reportó beneficios a ambas partes, como han documentado múltiples especialistas.

La militarización de la gobernabilidad

Ahora bien, ¿cómo ha impactado ese fenómeno al sistema político? Con la investigadora Rebecka Villanueva Ulfgard, exploramos esta pregunta y en un reciente artículo demostramos que las fuerzas armadas ya adquirieron un rol en la gobernabilidad de México. Un verdadero salto político al cogobierno mediante una iniciativa legislativa de la Presidencia.

En su primer año de gobierno, Claudia Sheinbaum logró la aprobación de una nueva Ley General del Sistema Nacional de Seguridad Pública. 

En su artículo 20, la nueva Ley establece algo inédito: “El Gabinete Federal [de Seguridad Pública] es el órgano de decisión ejecutiva y de coordinación del gobierno federal en materia de seguridad y gobernabilidad del país”.

Desde entonces, el Gabinete de Seguridad —su nombre corto en el día a día— tiene la capacidad de “decisión ejecutiva”, una expresión cuyo significado aún es impreciso, pero que surge de la nueva ecuación de poder.

Creado en 2005, el Gabinete de Seguridad nació originalmente como un organismo de coordinación interinstitucional de política de seguridad. Su principal función era: “Definir los instrumentos de evaluación y seguimiento de las políticas, estrategias y acciones en materia de seguridad pública”.

Veinte años después, el Gabinete de Seguridad extendió su radio de acción desde la “seguridad pública” hasta la “gobernabilidad”, ampliando su repertorio desde el “seguimiento” hasta la “decisión ejecutiva”. En simultáneo, ha crecido la representación militar en el Gabinete de Seguridad.

La Policía Federal, extinta en 2019, estaba bajo el ámbito de la Secretaría de Seguridad Pública (SSPC), que ahora es un lugarteniente más débil en el Gabinete de Seguridad. En este sentido, las fuerzas armadas cabildearon con legisladorxs en contra del intento de Sheinbaum de fortalecer las atribuciones de vigilancia de la disminuida SSPC. Al final, la Secretaría de la Defensa Nacional (SEDENA) accedió al deseo de Sheinbaum luego de que la presidenta impulsara mayores facultades de vigilancia también para la Guardia Nacional, además de incorporarla como miembro del Gabinete de Seguridad.

Hoy en día, seis dependencias civiles, incluida la Presidencia, son miembros plenos del Gabinete de Seguridad. Los otros tres miembros son las fuerzas armadas: el Ejército, la Marina y la Guardia Nacional.

La Fiscalía General de la República (FGR) también forma parte del Gabinete de Seguridad, pero como invitada y no como miembro pleno. El Ejército, además, cuenta con doble representación: a través de la SEDENA y mediante el control que mantiene sobre la Guardia Nacional.

¿Quién manda realmente?

La conferencia de prensa matutina de la presidenta, “La Mañanera”, se considera la principal herramienta de comunicación del gobierno de Morena. Sin embargo, la composición del Gabinete de Seguridad ofrece una representación más honesta de la actual cúpula de liderazgo de México.

La imagen muestra los seis actores clave del Gabinete de Seguridad, además de la Presidencia de la República. El centro de gravedad del Gabinete de Seguridad recae en seis miembros plenos: tres civiles y tres oficiales uniformados. El aparente empate se resuelve, por ahora, a favor de los civiles, pues la presidencia del Gabinete de Seguridad corresponde a Claudia Sheinbaum. Pero debajo de ella, hay un nuevo reparto de poder.

Además de dedicarse a la defensa nacional, lxs militares ahora tienen un rol dentro de funciones clave del estado mexicano que antes —al menos según la ley— correspondían exclusivamente a lxs civiles: la seguridad pública y la gobernabilidad. 

A través de la reforma de Sheinbaum al Gabinete de Seguridad, la SEDENA y la SEMAR extendieron sus brazos a esferas de la administración pública.

México aún tiene una democracia moderna, entendida esta de forma minimalista: las elecciones aún son mínimamente limpias, libres y competitivas. Sin embargo, ese piso mínimo viene en deterioro. Paralelo a ello, lxs militares han aumentado su peso dentro del sistema político. 

México es un caso de deterioro de la democracia (o “autocratización”) peculiar. El poder ejecutivo no sólo adquirió un mayor peso, sino que lo hizo de la mano de una alianza con lxs militares. Estamos frente a una autocratización civil-militar, un fenómeno reciente dentro del actual deterioro democrático global.

Sin embargo, estas sorpresas de la izquierda en el poder aún no terminan de cristalizar. La moneda está en el aire. Como todo arte colectivo, la política requiere saber qué tenemos enfrente para poder trabajarlo. 

Pero, ahora mismo, ¿cuánta gente sabe que lxs militares ya tienen un papel de decisión ejecutiva en la gobernabilidad de México?

Ramón I. Centeno

Investigador de la Universidad de Sonora.

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